El verano trae consigo mucha más luz y muchas más actividades fuera de casa. La "recarga de baterías" que obtenemos en esta época del año se debe a los efectos positivos del sol en nosotros.
Está demostrado que, cuando se reduce el número de horas de sol, aumentan casos negativos como la depresión y demás trastornos afectivos. Por el contrario, cuando éstas aumentan, los psiquiatras constatan un aumento de energía y jovialidad en las personas.
Este cambio positivo de carácter debemos aprovecharlo para salir a pasear, relajarnos e intentar ver las cosas de otra manera. Los expertos recomiendan pasear, al menos, diez minutos al aire libre al día, y los cambios son notorios.
Nuestro carácter mejora, los niveles de energía aumentan y tenemos más ganas de comernos el mundo. Esto se debe a que la luz del sol regula el funcionamiento de ciertas hormonas, fomentando la segregación de serotonina –hormona de la felicidad- que funciona como un neurotransmisor que predispone al optimismo.
Pero aún hay más. El sol entra por nosotros a través de la retina del ojo hasta la epífisis. Esta glándula está situada en un lugar desde el cuál se controlan funciones primordiales del cuerpo, como la respiración, el calor, la tensión sanguínea, etc. Y es allí donde también se controla nuestro mundo sentimental y emotivo.
Por lo que está claro que el sol nos toca dentro, y de verdad.
Es por eso que, al ser los días más largos y poder disfrutar más del astro rey, nos sentimos con un carácter distinto y una alegría especial.
Nunca una excusa fue tan sencilla para salir a tomar el aperitivo, ir al parque con la familia, o aprovechar un fin de semana en el campo.
¡Así que aprovecha el buen tiempo y sal a la calle!


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