Cork: qué hacer en este condado de Irlanda

​Hay muchas cosas que hacer, ver y comer en este condado de Irlanda.

cork

Cork, el condado más grande de Irlanda, saca pecho y presume con orgullo de ser capaz de hacer feliz a cualquiera. Lo hace porque puede y porque además tiene razón. Seas como seas, busques lo que busques, este rincón al sur de la Isla Esmeralda promete darte lo que necesites. ¿No te lo crees? Pues acompáñanos en este viaje único lleno de sorpresas.

Publicidad

Para foodies

Las amantes de la buena mesa tienen en Cork un nuevo destino que saborear así que bienvenida al que se erige como templo de la gastronomía irlandesa. A este condado se le conoce como el Valle del Oro por la fertilidad y riqueza de sus tierras; si además le sumas el pescado y marisco fresco que viene de su puerto (el segundo puerto natural más grande del mundo) la ecuación se vuelve perfecta. Para hacerte una idea de las delicias que vas a encontrar, lo mejor es empezar por English Market, el histórico mercado cubierto de la ciudad de Cork donde degustar el fabuloso carpaccio picante de Tom Durcan, un artesano de la carne, o darle un sorbo al mar comiendo ostras de la pescadería.

A nadie le amarga un dulce

Tras la compra, te recomiendo una parada en Nash 19, un coqueto restaurante donde, además de exhibir obras de arte de artistas locales, cada día elaboran su menú en función de los productos frescos que hay en el mercado. Por la noche, date el lujo de cenar junto a una cascada en el delicioso Greenes en el que vivirás una auténtica orgía de sabores para todos los sentidos gracias a su creativa cocina.

Para familias con peques

Si viajas con niños no te puedes perder el parque de vida silvestre de Fota donde, a diferencia del zoo tradicional, aquí algunos animales campan a sus anchas sin barreras que se lo impidan. Ve pues ojo avizor no vaya a ser que te cruces con un canguro saltarín o con un exótico lémur durante la visita. Lo mejor para conocer el parque es subirse en el pequeño tren que recorre todas las instalaciones y, por supuesto, pasa por el hogar de los animales más llamativos como los tigres, guepardos o los achuchables pandas rojos.

Publicidad

Si quieres ver las estrellas

Otra visita interesante para toda la familia es Blackrock Castle, una pequeña fortaleza defensiva que, tras sufrir varios incendios, hoy se ha reconvertido en un interesante museo de ciencia. Además en lo alto de la torre de este castillo, ubicado a las afueras de la ciudad de Cork, han montado un observatorio astronómico.

Para amantes del mar...

Si lo tuyo es el mar estás tardando en hacer la maleta para viajar aquí y disfrutar de las salvajes y caprichosas aguas del océano Atlántico. El pueblo marinero de Kinsale es el lugar perfecto para tener tu idilio de verano con el mar. Empieza, por ejemplo, con un crucero de una hora por su bahía donde podrás ver a los leones marinos buscando comida cerca de los barcos e incluso, con suerte, algún delfín despistado. Aquí además podrás practicar multitud de deportes acuáticos o, simplemente, ver desde el puerto cómo se preparan para las regatas. Como imaginarás, aquí el mar está también muy presente en las cocinas así que es el lugar ideal para probar uno de los clásicos de la gastronomía irlandesa como el Seafood Chowder, una sabrosa sopa de pescado. La que preparan en el restaurante Jim Edwards es vicio puro, sin olvidarse de su langosta.

... y del Titanic

Sigue la costa hasta recalar en el puerto de Cobh donde embarcaron los últimos pasajeros del famoso Titanic antes de naufragar. En ese mismo lugar, hoy hay un museo muy interesante donde te sentirás como un pasajero más de este célebre barco y aprenderás multitud de detalles sobre su historia.

Publicidad

Para quienes viajan en pareja

Será muy fácil convencer a tu chico de iros a Cork de viaje cuando le cuentes que allí se encuentra la destilería del whisky irlandés Jameson y que además puedes visitar la antigua fábrica convertida hoy en museo para aprender cómo se elabora esta famosa bebida.

Disfruta de su deliciosa cerveza

Si todavía necesita más motivos puedes hablarle de Murphy's la cerveza negra típica de la ciudad que puede probar, por ejemplo, en el pub Mutton Lane, un curioso local escondido en el callejón del mismo nombre por donde antiguamente se llevaban a las ovejas al mercado. En caso de que os guste el vino, ya tienes otra excusa porque puedes visitar el museo del vino en el castillo de Desmond en el precioso pueblo de Kinsale.

Para las locas por la historia

Irlanda celebra este año el centenario de su independencia y, justamente, fue en Cork donde germinó la idea y comenzaron las primeras revueltas para librarse de la ocupación británica bajo la batuta de Daniel 0'Connell; razón por la cual se la conoce como la ciudad de los rebeldes.

Si te gusta la historia bélica, tienes que visitar el Fuerte Charles levantado en el S.XVII para proteger la entrada por mar en la bahía de Kinsale. La ruta guiada en español merece mucho la pena al margen o no de que te interesen las batallas navales, porque simplemente disfrutar de la arquitectura de este baluarte en forma de estrella y de sus vistas ya justifican la visita.

Puedes seguir buceando en la historia de Irlanda en el museo de Cobh, ciudad conocida antiguamente como Queenstown que vio partir a más de dos millones y medio de irlandeses desde 1620. Este museo te cuenta con todo detalle cómo y por qué emigraron todas estas personas, pero también te acercarás a la historia naval y descubrirás que, además del Titanic, hubo otro gran naufragio como el del Lusitania donde se perdieron casi 1200 vidas a causa de un torpedo lanzado por un submarino alemán.

Publicidad

Para las que buscan un arcoíris...

Que en Irlanda llueve mucho no es ningún secreto, así que lo más probable es que te reciba un cielo gris y nublado, pero tranquila que aquí no faltan los colores. Empieza por ver si eres capaz de distinguir las 52 gamas de verde de las que hace gala este país, por algo lo llaman Isla Esmeralda. Mucho más fácil te será diferenciar los alegres colores de las fachadas del coqueto pueblo de Kinsale donde callejear se convierte en la alegre actividad de perseguir el arcoíris.