La vida con un perro empieza derramando unas lágrimas.
Recuerdo el día en el que Ben y yo cogimos al nuestro. Junior. Le separamos de su madre y sus hermanos, de la única vida que había conocido para vivir con nosotros y, para… ¿para hacer qué exactamente?, ¿podríamos vivir con eso?, ¿somos las personas correctas para hacer esto?, ¿y si lo hacemos mal?
Le llamamos Junior porque lo imaginábamos como nuestro hijo "en prácticas". "Tendremos un perro", dijimos, "y si lo mantenemos vivo durante tres años, empezaremos el proceso de adopción". Vivió con nosotros durante 10 años y dos días y nos dimos cuenta de que que todo lo que queríamos, todo lo que habíamos deseado realmente era a Junior.
Yo había decidido, con alguna duda por parte de Ben, tener un Wheaten Terrier y, tras informarme sobre ellos y preguntar en la Wheaten Club of Southern California, nos dijeron que había una camada disponible en Santa Inés. Cuando llamamos y nos preguntaron que cuando podíamos ir a por un cacharro, ¡ya estábamos montados en el coche! Había nueve cachorros y cuando entramos, ocho de ellos saltaron hacia nosotros como si nos pidieran que les lleváramos. El otro se mantuvo al otro lado de la habitación, jugando a la pelota, a lo suyo.
Pensé: "uhm, has captado mi interés, coleguita". Nos sentamos en el suelo con la criadora, nos contó su historia y tras 20 minutos, ese perrito que estaba en la otra punta se acercó a nosotros y saltó en mi regazo, puso sus patitas en mis hombros y nos miramos frente a frente. La criadora dijo: "Sé que no vas a creerme, pero jamás ha hecho eso antes". "¿Nos podemos quedar con este?", dije al momento.
El plan inicial era tener un pura raza y más tarde, "chucho" abandonado para equilibrar. Pero nunca pudimos hacerlo: "¿Y si Junior pensaba que le estábamos reemplazando? ¿Y si se sentía menos especial?".
Uno de los libros educativos sobre perros que compré recomendaba pasar las primeras semanas en casa con tu nuevo "bebé" familiarizándonos los unos con los otros. Yo estaba de vacaciones por lo que pude hacerlo sin problemas. No recuerdo el objetivo concreto de este ejercicio pero supongo que iba más por los humanos que por el perro. Tenía que ir poco a poco, pasar tiempo juntos, compartir espacios, vamos, lo que viene siendo coger confianza, … y cuando me quise dar cuenta, estábamos unidos el uno al otro de manera especial. Ben trabaja en casa, por lo que él fue haciendo lo mismo y la experiencia fue idéntica. Junior se convirtió en nuestra mitad.
Desde ese mágico momento entre un perro y su dueño, cuando estás triste, tu perro lo sabe. Cuando el perro está triste, tú lo sabes. Cuando todos estamos felices, es una fiesta. Tienes un amigo que nunca habías tenido antes y eso que nunca sabrá decir tu nombre.
Una vez, Irene, una amiga, nos dijo: "Estoy esperando a que se baje la cremallera, se quite ese disfraz de perro y de ahí salga un pequeño hombrecillo". Todo el mundo decía cosas así de Junior y llevaban razón. Tenía ojos de persona. Una vez, meses después de tenerlo, lo llevé conmigo a hacer unos recados (siempre me lo llevaba para hacer recados, le encantaba acompañarme) y una de mis paradas favoritas era en 7-11. Entré y el tipo detrás del mostrador dijo: "Tu perro parece una persona". Yo contesté: "Lo sé". Y eso me pasaba muchas veces.
También tenía rasgos humanos. Su aperitivo favorito era un palito marrón, de esos que venden en los veterinarios que están hechos de tendones de no se qué. Así que le dábamos uno cada mes. Siempre lo masticaba y saboreaba si estábamos en el cuarto para mirar. Si alguno de nosotros se iba, paraba de hacerlo y hacía otra cosa. Si había estado "jugando" con algún palito durante un par de días y llegábamos a casa, interrumpía su mordisqueo y venía a saludarnos, para luego volver de vuelta a la tarea de destrozar el palo. Parecía que decía "¡Qué bien que hayáis llegado! Ahora podéis ver como disfruto con mi palo".
Cada vez que le paseaba, la gente me paraba y me hacía preguntas de todo tipo. La más común era que me preguntaran su raza ya que de primeras, la gente la desconocía.
Un perro te abre el corazón
Los perros te descubren un nuevo tipo de amor, simple y sincero. O quizá te redescubre uno más antiguo: ese que sentías cuando eras un niño y el mundo estaba lleno de cosas buenas y sólo había amor, cuando solo tus padres lo eran todo para ti. Tras un año con él, estaba trabajando en mi oficina, miré debajo de mi mesa y ahí estaba él, mirándome, a mi lado, ¿qué querrá?, me pregunté. Le he dado de comer, hemos paseado, ha bebido agua e incluso se ha echado la siesta. Y entonces de di cuenta de que sólo quería estar cerca de mí porque somos amigos.
Los tres fuimos grandes amigos. La última semana, le llevamos a Napa con nosotros. Echamos unas cuantas carreras juntos, paseó por los viñedos y conoció a un montón de gente nueva. Dormía en nuestra cama y se estiraba como si fuera una persona para estar en la misma postura que nosotros.
Junior ya no está
Ese fin de semana se rompió el bazo y le tuvieron que operar para extirpárselo. El veterinario nos dijo que se estaba recuperando y que si comía algo y todo iba bien, nos lo podríamos llevar de vuelta a casa en unas horas.
Nos llenamos los bolsillos de premios y jamón y fuimos a verle. Mientras estábamos con él, surgieron complicaciones derivadas de la operación. El veterinario nos dijo que estaba teniendo problemas con la coagulación de su sangre, que nos fuéramos a casa y esperáramos. Nos llamó más tarde para decirnos que la sangre coagulada había alcanzado el cerebro y, a los 20 minutos, nos dijo que había dejado de respirar. Volvimos lo más rápido que pudimos y le dimos los últimos besos y cogimos un par de mechones de su abundante mata de pelo. Seguramente sucedieron más cosas, pero no lo sabremos nunca.
Nos pasamos la tarde del lunes dando vueltas. Paseándonos por la casa como si fuéramos zombies, desandando el camino hecho. No sabíamos qué podíamos hacer. Entonces un par de amigos nuestros nos llevaron a ver la puesta de sol. Fue perfecto. Ben puso "You are the everything", de R.E.M. en su móvil, nos servimos un par de whiskis y recordamos al mejor amigo que habíamos tenido. La vida con un perro también termina entre lágrimas.
Sé que nuestra historia no es única. Seguramente tú también tengas un recuerdo muy especial de tu perro que ya no está. Si es así, entenderás entonces a la perfección cómo nos sentimos, si no, sólo puedo decirte que la pena que ahora estoy sintiendo, merece la pena por todo el amor que recibí.
Pero, sobre todo, quería que conocieras la historia de Junior. Él era realmente especial.
Vía: www.womansday.com
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