Decimotercer capítulo de Megan Maxwell para Woman's Day

¡Por fin Raquel y Manu dan rienda suelta a su pasión​!

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(Resumen del capítulo anterior: Manu se lleva a Raquel al río para pescar juntos pero lo que parecía que iba a ser una jornada tranquila, acaba con ellos haciendo el amor dentro del agua.)

Madre mía… madre mía… madre mía…

Miro el techo en la oscuridad de la habitación y sonrío como una boba, mientras oigo la suave respiración de Manu, dormido a mi lado en la cama.

Pensar en lo que hemos hecho me hace sonreír, pues lo que comenzamos en el río, lo proseguimos en la cocina, luego en el suelo del comedor y lo rematamos en la cama.

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Por Dios ¡qué ímpetu!

Por Dios ¡qué noche!

Lo miro. Es real.

Manu está dormido a mi lado y yo solo puedo mirarlo y sonreír.

Así estoy un buen rato hasta que la boca se me seca y necesito beber agua. Me incorporo de la cama, cojo la jarra de agua que hay sobre la mesilla pero está vacía.

¡No me extraña!

Y como tengo mucha sed y no quiero despertar a Manu, me pongo una camiseta, con cuidado me escurro de la cama haciendo mil posturitas hasta levantarme y una vez lo consigo sin apenas plantar el pie en el suelo, que todo sea dicho, ni me duele, llego hasta la cocina a oscuras.

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Allí abro el frigorífico, la estancia se ilumina y saco la jarra fría de agua.

¡Dios, qué buena está!

Bebiendo estoy cuando veo a Flash que me mira a escasos metros de mí. Con la mirada me lo dice todo y dejando la jarra sobre la encimera cuchicheó.

-Lo sé… Lo sé… pero no me pude resistir.

Flash levanta la cabeza y mira hacia otro lado, cuando escucho en mis espaldas.

-¿A qué no te pudiste resistir?

Al mirar veo a Manu apoyado en el quicio de la puerta, desnudito como su madre lo trajo al mundo. ¡Madre mía... madre mía! Y acalorada respondo.

-A ti.

Sin moverme y dejando de mirarlo siento que se acerca a mi. Lo noto pegado a mi espalda y cuando sus manos rodean mi cintura y me apoyo en él, vuelvo a sonreír y más cuando lo escucho decir.

-Me encanta tu olor. Es especial.

Encantada dejo que su boca pasee por mi cuello mientras cierro los ojos y disfruto de aquella intimidad tan placentera solo iluminada con la luz del frigorífico. Manu es un excelente amante, pero yo tampoco me quedo atrás.

Sus manos peligrosamente me aprietan contra él cuando con delicadeza me da la vuelta y mirándome a los ojos dice.

-¿Por qué no me has pedido el agua a mí?

-Porque estabas dormido.

-Pero tu pie…

-Mi pie, está bien —lo corto.

Manu sonríe…

Yo sonrío…

Y él al final dice:

-Aprovéchate de mí. Soy tu esclavo y…

No dice más. No lo dejo.

Mi boca ya ha buscado la suya y tras besarlo con ahínco, lo miro con esa mirada de loba que sé que tengo cuando me pongo y él termina diciendo.

-No se hable más. Tus deseos son órdenes para mí, princesa.

Sonrío…

Sonríe…

Y sus fuertes manos me izan hasta sentarme sobre la encimera. Con mimo nos seguimos besando mientras Manu se acopla entre mis piernas y sin darme tregua, hace lo que yo quiero sin necesidad de pedírselo.

Mi mirada de loba de ¡Quiero sexo! ha surtido efecto y cuando saca por mi cabeza la camiseta y la tira sobre el sofá, tiemblo y más cuando siento sobre mis pechos esa miradita que me vuelve loca y murmura.

-Eres la tentación personificada.

¿Qué yo soy la tentación?

Madre mía… madre mía…

Él sí que es la tentación, la excitación, la locura, la seducción, la… la… la…

Encantada por ser su tentación, dejo que me mire, que me devore, que me haga disfrutar, y cuando sus fuertes manos pasean por mi espalda y siento que se coloca para rematar la faena, mi parte de cordura lo mira y susurra.

-Sin preservativo no.

Manu asiente. Sabe que tengo razón y mirándome suplica.

-Solo esta vez…

Mi locura grita ¡sí!

Mi cordura grita ¡no!

Tomo la píldora "antipeques" y sé que no me puedo quedar embarazada cuando indico.

-Ya lo hicimos una vez en el río y…

Pero el morbo me puede… el momento me puede y sin acabar la frase afirmo.

-Vale… pero solo esta vez.

Sin sonreír, Manu acerca su boca a la mí y me besa, mientras siento como acerca la punta de su duro pene a mi vagina temblorosa y húmeda y antes de que él se clave en mí, ya me he clavado yo en él haciéndolo temblar. Uff… ¡cómo me gusta hacerlo temblar!

Y como los salvajes animales que somos cuando el sexo nos toma, nos damos placer el uno al otro hasta que el clímax nos llega y quedamos abrazados sobre la encimera de la cocina sonriendo, sabedores de que en unas horas debemos regresar a la realidad.

…Continuará

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