Megan Maxwell y su décimo capítulo de su relato erótico para Woman's Day

Nada como unos días alejada de la rutina y la gran ciudad para desconectar de todos y todos. O eso esperaba Raquel antes de que Manu se presentara por sorpresa en el pueblo de Gloria.

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(Resumen del noveno capítulo: Raquel se va de vacaciones al pueblecito en Teruel de su amiga Gloria esperando pasar unos días tranquila. Sin embargo, la compañía inesperada de Manu la deja completamente descolocada).

No sé si reír o llorar.

Mi pobre Gloria está tan apurada haciendo la cena que ni me mira y dispuesta a que el mal rato que está pasando se le pase, me planto delante de ella y digo.

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- Vaaale. Te perdono.

Escuchar esas palabras es lo que necesitaba y lanzándose a mis brazos murmura.

- Gracias… gracias… gracias…

Sonrío. Sonríe y mirándola cuchicheó.

- Te quiero y no puedo estar enfadada contigo, pero sabes que tenerlo aquí me incomoda ¿verdad?

Gloria asiente cuando justo se abre la puerta. Es Manu. Que al vernos abrazadas se queda parado y se mofa.

- Parejita… si queréis duermo fuera.

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Sus palabras y en especial como las dice, me hacen suspirar y tras darle a mi amiga un beso en la frente, la suelto y mirando a aquel que no nos quita ojo digo.

- Pon la mesa que vamos a cenar.

Manu no se mueve ¿pero espera que se lo demos todo hecho?

Y volviéndome de nuevo hacia él voy a protestar cuando dice.

- No soy adivino, pero si me dices donde están las cosas la pondré.

Vale. Sigo agresiva con él.

Sin hablar, solo refunfuñando le señalo un mueblecito donde están los cubiertos, platos y vasos. Con una sonrisa aquel se dirige a él y pone la mesa, mientras yo termino de aderezar la ensalada y Gloria fríe los filetes de pollo.

Una vez todo está listo nos sentamos. Al principio el ambiente está tenso, pero poco a poco se va relajando hasta acabar los tres riendo a carcajadas por las anécdotas que cuenta Gloria de sus experiencias en el hospital.

Acabada la cena, Manu se empeña en fregar los platos. Gloria en un principio se niega, pero tras ver mi gesto se calla y se va a la cama.

Una vez desaparece Manu friega los platos. En silencio estamos un rato hasta que decido dar una vuelta con Flash. Pero no he andado ni diez metros cuando oigo detrás de mí.

- Espérame. Voy contigo.

Al escuchar su voz me vuelvo.

- ¿Quieres hacer el favor de dejarme en paz?

Manu se para.

- ¿Me puedes decir qué te he hecho para que siempre estés enfadada conmigo?

Lo pienso. No sé que responderle y finalmente murmuró.

- Nada.

Manu llega a mi altura y mirándome responde.

- Pues quién lo diría, porque si las miradas mataran ya estaba muerto.

Eso me hace sonreír y con disimulo veo que sonríe él.

En silencio caminamos por el bosque mientras observo a Flash correr detrás de algo ¿será un conejillo? Espero que no lo pille.

- Oye, quería agradecerte lo que hiciste por mí el otro día.

Al escucharle, sé muy bien a lo que se refiere y respondo.

- No fue nada. Y aunque no lo creas lo hice por el cariño que le tengo a tu madre.

La estrellita asiente, sonríe y dice.

- ¿Sabías que pasé un verano muerto de celos por ti?

Aquella revelación me hace mirarlo sorprendida, cuando continúa hablando.

- Fue el verano en el que vino mi primo de Burgos ¿lo recuerdas? —asiento. Cómo olvidar al primo que rompió de una pedrada el cristal del portal y le arrancó un diente a un vecino—. Ese verano, tras una noche que jugamos a la botella y me tocó besarte, me di cuenta que eras especial, pero salías con Guillermo, el hijo del bodeguero.

Incrédula por aquella revelación voy a mirarlo, cuando la patosa que vive en mí, pisa una piedra mal con el pie derecho, se me dobla y tras sentir un dolor que me atraviesa el tobillo, me caigo al suelo con el peor glamour del mundo

- ¿Qué ha pasado? —pregunta Manu agachándose alertado.

Más avergonzada que dolorida me toco el tobillo y, maldiciendo, gruño.

- Joder… creo que me lo he jorobado.

Con gesto preocupado, aquel lo mira y al ver la hinchazón repentina afirma pasando sus manos alrededor de mi cuerpo para auparme.

- Hay que llevarte a urgencias.

En décimas de segundo me tiene entre sus brazos y cuando voy a protestar insiste.

- El tobillo tiene mal aspecto —y mirando atrás grita— ¡Flash vamos!

Serio y preocupado, camina por el bosque con gesto sombrío. Vale. Me duele. Siento el corazón en el tobillo, pero intuyo que es un simple esguince y digo.

- Tranquilo. Gloria sabrá que hacer.

La luz de la luna le da lleno en la cara y "mamacitalinda" ¡qué guapo está!

Atontada estoy mirándole cuando siento que desacelera el paso. No digo ni Pío.

Me mira con ojitos de cordero degollado. No digo ni Pío.

Me acerca más a su cuerpo. No digo ni Pío.

Y finalmente posa sus labios sobre los míos y no digo ni Pío, pero mis brazos le rodean el cuello y deseosa de aquel contacto ahondo en el beso.

Oh Dios… Oh Diosssssssssssssssss.

Acabo de caer en una marmita de placer llamada Manu y conociéndome ya no me para ¡ni San Pito Pato!

Lo beso. Me besa y cuando el lujurioso, pecaminoso y ardiente beso finaliza y nos miramos, el muy sinvergüenza afirma sonriendo.

- Lo primero ahora es tu tobillo. El resto, ya vendrá…

No digo nada. Mejor me callo mientras maldigo por haberme dejado llevar.

Diez minutos después, una adormilada y profesional Gloria tras comprobar que es un esguince me venda el tobillo, mientras yo siento como Manu me mira y como pensaba un rato antes, no sé si reír o llorar.

…Continuará

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