Cuarto capítulo de Megan Maxwell para Woman's Day

El relato de la best-seller de novela erótica está al rojo vivo. Entre sus protagonistas saltan chispas y tú puedes decidir cómo sigue la historia.

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(Resumen del tercer capítulo: Raquel vuelve a casa tras entrevistar a Manu pero no se le quita de la cabeza. Incluso fantasea sexualmente con él. La periodista continúa con su trabajo y queda con Pedro, un fotógrafo, para cubrir un evento con famosos).

Cuando llego al metro de Callao, Pedro, el fotógrafo ya me está esperando.

Entre risas vamos al Starbucks y después, con algo fresquito en nuestras manos, tomamos posiciones en el sitio reservado para la prensa en el lateral de la sala de fiestas donde se realizará el evento. Minutos después compañeros de otros medios comienzan a posicionarse junto a nosotros y al final, como siempre, parecemos sardinas en lata.

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El tiempo pasa y la gente que pasa por allí comienza a agolparse detrás de nosotros atraídos por los focos y la música. Y aunque los seguratas del evento intentan contenerlos para que no interfieran en nuestro trabajo es imposible.

¡Comienzan los empujones!

Llegan los primeros famosos y Pedro mirándome dice:

-Preciosa… comienza el baile.

Yo sonrío. A Pedro lo conozco poco pero es un amor de chico y, mientras él hace fotos, yo con mi grabadora pregunto a los invitados y algunos contestan. Hay de todo. Famosos encantadores y otros petardos que se creen descendientes del Cid Campeador.

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Entrevistando estoy a uno cuando de pronto un chillido general me hace saber que alguien importante ha llegado y, cuando miro, veo a Manuel con un impresionante smoking negro, junto a la guapita que estaba en su casa. La gente se vuelve loca, ¡lo adoran! Yo decido darme la vuelta y desaparecer hasta que pase. No quiero ni verlo, ni entrevistarlo.

Intento moverme pero la gente enloquecida comienza a empujar y me veo aprisionada contra la valla. "¡Joder, me la estoy clavando en la espalda!".

Mi compañero, al ver mi gesto dolorido, olvidándose de su trabajo comienza a empujar. Quiere ayudarme. Quiere quitarme a la gente de encima cuando de pronto siento cómo alguien me coge por las axilas, me levanta y me deja en el suelo. "Uf…puedo respirar".

Los seguratas del evento contiene la avalancha y yo, mirando a Pedro, le hago saber que estoy bien, que no se preocupe, pero, al darme la vuelta, mis ojos y los de Manuel chocan y éste con gesto serio dice:

-¿Estás loca? ¿Cómo te metes ahí?

Boqueando como un pececillo lo miro, mientras la seguridad pone orden a la gente que grita a nuestro alrededor.

"¿Él me ha sacado de allí? No sé que decirle".

Solo quiero respirar, cuando mi compi Pedro, desde el otro lado de la valla, ya menos congestionada me coge del brazo y pregunta preocupado:

-¿Estás bien preciosa?

Como puedo asiento todavía con el susto en el cuerpo, cuando escucho a Manuel decir de no muy buenos modales:

-Sí. La preciosa está bien ¿Cómo permites que le ocurra algo así? ¿Quién coño eres tú?

Pero buenooooooooooooo…

Pero buenooooooooooooo…

Pedro me mira. Yo lo miro. Y recuperando mis fuerzas y con toda mi mala leche, me zafo de la mano de Manuel y, mientras me subo a la valla con agilidad para pasarme de nuevo al otro lado, pregunto en plan malota:

-¿Y quién narices eres tú para hablarle a Pedro así?

La gente nos mira. Los compañeros de prensa flipan. Los seguratas, no dan crédito. Pedro alucina. Manu pestañea. Su acompañante sonríe por no llorar y yo, ya desde el otro lado de la valla y antes de que aquel listillo diga algo más, siseo:

-Mira guapito, muchas gracias por tu ayuda, pero tengo que decirte que no todos nos ganamos la vida por tener una bonita cara. Otros trabajamos desde este lado de la valla y ahora, si no te importa, llega Mario Casas y lo quiero entrevistar. Tú no me interesas.

Todos vuelven a flipar. Madre mía, el alien que sale de mi cuando me enfado. Manu no dice más. Simplemente vuelve a instalar su sonrisa en los labios, coge a la guapita del brazo y obviándome le oigo que dice con toda su mala leche.

-Entremos en la fiesta cielo. Al parecer, según esta periodista, ya hice mi buena obra del día.

Dios… ¡Diossssssssss!

¡A qué le tiro la grabadora a la cabeza!

Me contengo. No quiero salir en la prensa por haber agredido al guapito de moda. Todos me miran. Pedro me mira. Imagino que pasaran mil cosas por sus cabezas y, cuando veo que mi compi va a decir algo, lo miro y siseo:

-Mejor no preguntes. Te lo agradeceré.

Pedro asiente y, cuando Mario Casas pasa por mi lado, me lanzo a preguntarle. Estoy allí para trabajar, no para hacer amigos.

…Continuará

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