Decimoquinto capítulo del relato de Megan Maxwell para Woman's Day

Raquel y Manu se enfrentan a su primer día como ¿pareja? en Madrid​ después de volver de su idilio vacacional.

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Cuando entro en mi apartamento Flash corre a la cocina para beber agua, después va hasta su colchoneta la huele, se tumba en ella y hasta parece sonreír. Le gusta regresar a su hogar.

Entristecida por haber visto a Manu alejarse con su moto una vez llegamos a Madrid, camino hacia el equipo de música, lo enciendo, me pongo mis cascos inalámbricos y necesitada de flagelarme por lo triste que estoy sin él, pongo a Mariah Carey cantando My All mientras me tumbo en la cama.

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Me encanta esa canción. La romántica que existe en mí, aflora segundo a segundo y como si fuera un dique, dejo que las compuertas de mi vena romántica se abran de par en par y me sumerjo en mi pena.

Sin lugar a dudas lo ocurrido ha sido algo excepcional, que difícilmente se repetirá. La vida de Manu y la mía nada tienen que ver, cuando de pronto el timbre del portero automático suena, desconecto los cascos, la música llena la casa y contesto.

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—¿Quién es?

—Traigo unas flores para la señorita Reina del drama.

Al escuchar aquello como una boba sonrío. ¡Ya sé de quién son esas flores!

Encantada abro la puerta de mi casa y espero a que el repartidor llegue a ella. Un minuto después, el ascensor se para y sale un chico con una gorra y al verme sonríe y pregunta.

—¿Es usted la Reina del drama?

Divertida asiento cuando el repartidor deja sobre mis manos unas preciosas rosas rojas de tallo largo que le han tenido que costar a Manu una fortuna. Una vez se va, entro en casa, cierro la puerta y cogiendo la notita que las acompaña leo.

Gracias por las mejores vacaciones que he tenido en mucho tiempo. Eres increíble princesa.

M.B

Atontada miro la nota. Me gusta. Me agrada. Aunque no voy a negar que hubiera deseado algo más romántico que fuera acorde con la canción. Pero bueno… así vale… es suficiente.

En ese instante unos golpecitos suenan en mi puerta y al abrir, me quedo como tonta, mirando a Manu que con una rosa en las manos pregunta.

—¿Que tal si pedimos unas pizzas para cenar y me quedo contigo a pasar la noche Princesa?

Mi sonrisa lo dice todo y afirmo.

—Estaría genial.

Manu entra en mi casa, cierra la puerta y entonces yo me abalanzo sobre él.

Lo beso…

Me besa…

Nos besamos…

Y cuando el momentazo romántico termina, mirándome indica.

—Me encanta esta canción.

Bueno…bueno… bueno ¡ya me ha dicho bastante!

Las flores caen al suelo. Nos desnudamos a toda prisa y sin llegar a mi habitación, nos montamos nuestra fiestecita de sexo particular, mientras Flash se marcha a la cocina y pasa de nosotros.

Una hora después, cuando hemos conseguido aplacar nuestro increíble apetito sexual, llamo por teléfono y encargo unas pizzas. Ahora tenemos otra clase de hambre.

Sentados en el sofá estamos charlando, cuando el timbre del portero automático suena. ¡La pizza!

Me levanto y abro el portero automático mientras discutimos sobre quién pagará las pizzas. Unos golpecitos suenan en mi puerta cuando digo.

—A no ser que quieras que todo Madrid sepa que estás aquí porque te vea el de las pizzas ¡déjame pagar a mí!

Manu gruñe. Resopla, pero consciente de que tengo razón afirma escondiéndose.

—Vale. Pero te debo una cena.

Al abrir la puerta sonriente, la risa se me corta. Ante mí tengo a Cesar, un amigo colombiano con el que de vez en cuando me veo y disfrutamos de divertido sexo. No es nada serio. Es solo un rollete y ambos lo sabemos, pero allí está con una botella de vino diciéndome.

—Hola mi doñita. He comprado esta botellita de vino que sé que te gusta, y he pensado en disfrutarla contigo mientras te desnudo y me desnudas ¿Qué te parece?

Sin palabras. ¡Me quedo sin palabras!

Delante de mí tengo a Cesar con su mejor sonrisa y a mi izquierda, semi escondido tras la puerta a Manu que me mira con cara de cabreo.

Joder… joder… ¡que mal momento para que aparezca Cesar!

E intentando no parecer una borde, pero necesitada de que entienda lo que estoy diciendo a la primera, lo miro y murmuró.

—Cesar… estoy acompañada.

El pobre Cesar asiente y guiñándome el ojo, sin una mala cara, desaparece como alma que lleva el diablo. Pero cuando cierro la puerta Manu con cara de cabreo se mofa.

—¿Mi doñita?

Sin querer entrar en su juego aclaro.

—Era Cesar. Un amigo que…

—¿Qué clases de amigos tienes tú que vienen a desnudarte?

Suspiro. Intento no cabrearme y respondo.

—Vamos a ver Don decencia. Soy una mujer soltera, libre e independiente, que tiene amigos con los que salir al cine y folla amigos con los que además de salir al cine, termino en la cama. Pero….

—¡Y me lo dices así!

Incrédula por su respuesta me río e indicó.

—Pues claro. ¿Cómo quieres que te lo diga?

Manu resopla. Maldice y yo en un intento de que se relaje murmuro.

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—Manu, por el amor de dios. ¡Qué ninguno somos la castidad personificada!

Wooooooooooooooo ¡cómo se pone!

Se enfada aún más y comienza a vestirse.

La puerta suena. Esta vez es el de la Pizzas. Las pago a toda leche. Cierro al puerta y cuando Manu, está frente a mi siseó.

—Pero tú estás tonto ¿o qué te pasa?

Ofuscado y tremendamente ofendido, Manu asiente y con una seriedad que me deja sin palabras dice.

—Me voy. No tengo hambre.

—Manu… —insisto.

Pero ni Manu…ni Mina… ni Mona… aquel abre la puerta y se va, dejándome con dos pizzas en la mano, que por culpa de la ansiedad, me comeré.

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…Continuará

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