Las personas tenemos 307 emociones diferentes y no sabemos gestionarlas

Y es que según Rafael Bisquerra, ​doctor en Pedagogía y Catedrático de Orientación Psicopedagógica,  "nuestro problema actual reside en la falta de educación emocional."

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Doctor en Pedagogía y Catedrático de Orientación Psicopedagógica en la Universidad de Barcelona, Bisquerra es sin duda un pionero en el estudio de la educación emocional. Cuando nadie tenía conocimiento de ellas, él creó el posgrado de educación emocional en la Universidad de Barcelona (UB) y se convirtió en el gran referente de la materia en toda España. 

Ahora nos ha vuelto a sorprender con un nuevo proyecto. Junto con Eduard Punset y el estudio Palau Gea acaba de publicar el 'Universo de las Emociones', un mapa gráfico en forma de libro que da a conocer 307 emociones para comprender mejor nuestro comportamiento como seres humanos. El acto de presentación de esta obra ha contado con el patrocinio de Flores de Bach Originales.

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¿Se puede gestionar una emoción?
Sí, pero no es tarea fácil. Gestionar una emoción requiere entrenamiento. Esta característica es la que precisamente nos distingue de los animales. Cuando siento rabia, aparece el impulso de querer atacar pero eso no significa que tenga necesariamente que expresarlo con una acción violencia. De ahí la importancia de aprender educación emocional porque nos ayuda entender lo que sentimos.

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Regla de oro para gestionar bien una emoción negativa.
Básicamente, tener conciencia y saber definir aquello que estoy experimentado.

¿Y qué ocurre con las emociones positivas que nos desbordan?
Este tipo de emociones hay que estimularlas en el día a día pero al mismo tiempo debemos regularlas para evitar la euforia. Conducirnos por la vida con un exceso de alegría también comporta riesgos.

¿Se pueden gestionar varias emociones al mismo tiempo?
Sin duda, pero eso no significa que sea tarea fácil. Hay que entrenarse y nuestro problema actual reside en la falta de educación emocional. Esta tarea está pendiente en nuestra sociedad.

¿De qué manera podemos identificar lo que sentimos de forma correcta?
Pues entrando dentro de nosotros mismos. Debemos preguntarnos qué nos pasa, dónde lo siento. Las emociones se experimentan en el cuerpo, principalmente desde el cuello hasta el estómago.

Si te sientes enfadado o triste, ¿es bueno hablar de ello?
Es bueno compartir nuestras emociones con personas de confianza, ellas son las que nos hacen sentir bien. Por el contrario, compartir tu rabia con la persona que precisamente te provoca enfado es desaconsejable. Por eso es importante saber con quién compartir nuestras emociones en cada momento.

En caso de conflicto con otra persona. ¿Cómo debo afrontarlo?
Primero, dejemos que pase el tiempo. Una emoción es como un vaso en el que se vierte sal y se agita el agua hasta quedar totalmente blanca. Como se puede entender, en ese momento no estamos para resolver ningún tipo de conflicto. Siguiendo con la metáfora, debemos esperar que la sal se diluya. Cuando nos tranquilizamos vemos la realidad de otra manera.

La mejor manera de mantener la calma ante una situación de estrés con tu pareja.
Ciertas situaciones emocionales requieren un entrenamiento previo. Mejor prevenir que curar. Es decir, practiquemos la meditación, la relajación. Esto nos habilitará para gestionar situaciones de conflicto con más inteligencia emocional. Muchas veces el problema surge cuando queremos gestionar un conflicto y no sabemos como hacerlo porque no nos han enseñado. Es como jugar la final de la Champions sin haber entrenado.

¿Cómo se gestiona una situación de amor desbordante?
Este tipo de amor puede llevar al síndrome de Romeo y Julieta donde ambos acaban suicidándose. Es decir, todas las emociones, cuando se viven de forma exagerada, nos desbordan con facilidad. Forma de evitarlo, pues como he señalado anteriormente, necesitamos entrenarnos para vivir el amor con un optimismo que no nos desborde.

¿Y si los hijos hacen una trastada?
Mejor prevenirlo y no colocar el jarrón en situación de riesgo, por ejemplo. Debemos preparar el entorno a las previsibles pataletas de los niños porque necesitan trabajar su propia autonomía y esto supone oposición a los padres.

¿Cómo puedo ayudar a que mi hija o hijo exprese lo que siente?
Introduciendo el lenguaje emocional en las charlas habituales de familia mientras comemos, por ejemplo. O cuando salimos a pasear o jugamos en el parque. Es bueno hacerles preguntas pidiéndoles que nos expliquen cómo se sienten, cómo viven sus experiencias, cómo les gustaría sentirse. Deben aceptar que en la vida no será posible conseguirlo todo, asumir que vivirán situaciones tristes y deberán aceptarlas y vivirlas. Entenderán que esas situaciones son como las tormentas, pasarán y volverá la calma y otras situaciones que les harán felices.

La emoción más difícil de gestionar.
Sin duda la ira porque afecta a nuestro ego. Y luego hay matices que relacionaría con la humillación, un sentimiento muy escondido. Nadie quiere compartir su humillación con otras personas. Cuando uno se siente humillado quiere resarcirse, vengarse. Y eso tiene una carga psicológica de mucho calado que, en ocasiones, no le prestamos la atención que merece.

¿Cuál es la emoción que más dura en el tiempo?
Probablemente la tristeza. Aquí haríamos referencia al síndrome de Amfortas, personaje de la obra Parsifal de Wagner. Amfortas tiene una herida que nunca podrá llegar a curar. Es decir, las heridas que no llegan a cicatrizar son las emocionales. Existen personas que alargan un resentimiento durante toda su vida y que lo potencian con su actitud. Eso no es bueno.

Si un ser querido fallece y me doy cuenta de que no siento nada. ¿Esto es normal? ¿Qué me está pasando?
Puede ser una situación momentánea de bloqueo emocional o quizá alexitimia, un sentimiento que se relaciona con un trastorno neurológico que consiste en la incapacidad de la persona para identificar sus emociones. Pensemos que las emociones son reacciones complejas del organismo que cuentan con una carga bioquímica que en caso de alterarse tiene consecuencias. En casos así, una persona se ve incapacitada para tener la experiencia de vivir emociones.

Usted habla de gimnasios emocionales. Si quiero tener uno en mi casa, ¿cómo debo montarlo?
No necesitamos una gran infraestructura. Simplemente hay que buscar un espacio donde nos encontremos cómodos, en silencio y en la más absoluta tranquilidad. Dedicaremos a meditar tranquilos entre 10 y 15 minutos. Ese tiempo es para nosotros y nadie debe molestarnos.

¿Qué deportes favorecen que tengamos emociones positivas?
Cualquier actividad física es válida. Es muy bueno practicar durante una hora diaria natación o bicicleta porque no solo contribuye a la mejora del estado físico, también permite segregar serotonina, un neurotransmisor que provoca sensación de bienestar. De ahí que la práctica de deporte nos convierta en personas más positivas. 

¿Cuáles son los beneficios de pedir perdón?
Muchos. Es una acción fantástica. Cuando se ha producido una ofensa grave que afecta a mi estado emocional y soy capaz de pasar de la ira al perdón, muestro un gran acto de amor. Pasar del odio al amor supone una manifestación de regulación emocional extraordinaria. No todo el mundo tiene capacidad de hacerlo, solo aquellas personas que tienen una gran generosidad. 

¿Se deben forzar los pensamientos positivos?
Forzarlos no, estimularlos sí. Las emociones negativas las experimentamos inevitablemente. Cada emoción negativa supone establecer conexiones neuronales que se enriquecen. Para combatir eso, debemos entrenarnos con actividades que estimulen el bienestar como, por ejemplo, escuchando música, leyendo un libro, disfrutar de la naturaleza, la práctica de deporte físico.