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Los azulejos son algo característico de Portugal y si ya has visitado el país, no te sorpdenderán. Pero si tu primera visita al país vecino es a Oporto, los azulejos que encontrarás al doblar cada esquina, te robarán el corazón. Echarás de menos esa combinación de azul y blanco cuando vuelvas a tu ciudad (salvo si vives en Santorini).
El vino de Oporto se ganó su nombre como "estrategia de marketing" ya que el vino no es original de la ciudad. Se produce en las bodegas que están al cruzar el río Duero, en Cais de Gaia. A la orilla del río encontrarás las distintas bodegas que cuidan con mimo este vino dulce. Visita cualquiera de ellas y descubre el característico olor que impregna la madera de los gigantes barriles y disfruta de una cata al final de la visita. Si te llevas alguna botella de vuelta a casa te damos dos consejos, si es de vino blanco tómalo siempre como aperitivo y a temperatura ambiente, salvo si es un día muy caluroso, en ese caso mételo en la nevera 15 minutos antes de consumirlo.
Los azulejos son algo característico de Portugal y si ya has visitado el país, no te sorpdenderán. Pero si tu primera visita al país vecino es a Oporto, los azulejos que encontrarás al doblar cada esquina, te robarán el corazón. Echarás de menos esa combinación de azul y blanco cuando vuelvas a tu ciudad (salvo si vives en Santorini).
El vino de Oporto se ganó su nombre como "estrategia de marketing" ya que el vino no es original de la ciudad. Se produce en las bodegas que están al cruzar el río Duero, en Cais de Gaia. A la orilla del río encontrarás las distintas bodegas que cuidan con mimo este vino dulce. Visita cualquiera de ellas y descubre el característico olor que impregna la madera de los gigantes barriles y disfruta de una cata al final de la visita. Si te llevas alguna botella de vuelta a casa te damos dos consejos, si es de vino blanco tómalo siempre como aperitivo y a temperatura ambiente, salvo si es un día muy caluroso, en ese caso mételo en la nevera 15 minutos antes de consumirlo.
Oporto está en cuesta. Visitar esta ciudad es poner a prueba tu forma física y la resistencia de tus piernas. Pero aprenderás a amar cada cuesta y cada escalera que subas por dos razones: la primera es que te llevarán a un lugar maravilloso de la ciudad; la segunda es que, cuando te des la vuelta para ver todo lo que has recorrido no pensarás en el cansancio sino en las hermosas vistas que tendrás a tus pies.
Ya hemos mencionado el famoso vino de Oporto. Pero, ¿se te habría ocurrido tomarlo en forma de cóctel? La terraza de la bodega Sandeman tiene una carta de cócteles elaborados con este vino como ingrediente principal. ¡No dejes de probarlos!
Una de las calles más bonitas y artísticas de la ciudad. La Rua das Flores conecta la estación de San Bento (lugar de visita obligada) con el Palacio de las Artes y el Palacio de la Bolsa. En esta calle encontrarás muchas terrazas, tiendas de productos tradicionales, tiendas de diseño y mucho arte en toda la calle.
Oporto tiene playas que merece la pena visitar, aunque bañarse en el Atlántico sea cosa solo de valientes. Pero lo que hace especial a su paseo marítimo es esta pérgola. Da un romántico paseo si vas en pareja y déjate embrujar por el sonido de las olas y las sombras que proyecta esta construcción.
Un atardecer a bordo de un barco surcando el río Duero
Desde Oporto puedes tanto dar un paseo en barco para ver los 6 puentes como coger un crucero de varias horas que te lleve a verotras localidades que están a lo largo de este río. Contemplar la puesta de sol navegando por el Duero no tiene precio.
El Palacio de la Bolsa tiene en su interior una sala que es pura opulencia, puro brillo y puro espectáculo. La Sala Árabe es el colofón final de la visita, sin duda la sala más esperada y con razón. Cada centímetro tiene un detalle que merece ser contemplado. La sala puede ser alquilada para eventos de todo tipo por 7.000 € al día.
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