Megan Maxwell y el capítulo 19 de su relato erótico para Woman's Day

Tras salir Raquel por la ventana del restaurante, la pareja tiene que separarse para no llamar la atención del fotógrafo del corazón. ¿Lograrán escapar de su cámara?​

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(Resumen del capítulo anterior) Raquel tiene miedo a que la prensa del corazón los pille, pero Manu insiste en cenar con ella y van a un coqueto italiano que conoce ella. Allí cenan tranquilos hasta que descubren a un fotógrafo amigo de Raquel haciendo guardia en la puerta. Para que no los pillen, Raquel sale por la ventana del baño y la pobre se pone también a hacer guardia bajo la lluvia).

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Con paciencia y empapándome espero junto a Pedro bajo la lluvia.

En ocasiones mi trabajo es una mierda y esta es una de esas ocasiones.

De pronto la puerta del restaurante se abre y aparece Manu.

¡Ufff… es pura tentación!

Mi trabajo en ese instante deja de ser una mierda.

Manu al vernos sonríe, se hace el sorprendido, y mirándonos pregunta.

- ¿Pero que hacéis empapandoos bajo la lluvia?

Pedro tira fotos. Ha metido la directa y no para y yo sacando la grabadora que siempre llevo en el bolso, me acerco a él y pregunto.

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- ¿Qué tal la cena señor Beltrán?

- Bien —responde.

- ¿La cena la ha disfrutado solo o acompañado? —Manu levanta las cejas y yo ataco—. Se habla de una mujer que lo acompaña últimamente ¿está aquí?

Manu curva su boca en una media sonrisa y responde.

- He cenado solo ¿no lo ves?

Interiormente sonrío. ¡Qué canalla! E insistiendo, como he de hacer, pregunto.

- ¿Por qué ha cenado solo?

Manu me hace la cobra y retirando la grabadora de él indica.

- Ricura, no hablo de mi vida privada.

Sin más, camina hacia su coche bajo la lluvia, se mete en él y se marcha, momento en el que Pedro protesta.

- Por estas fotos no voy a sacar lo que pensaba ¡joder!

Siento la frustración en sus ojos y en su voz y encogiéndome de hombros susurro.

- Ni yo por sus palabras.

Pedro se guarda la cámara y dándose la vuelta dice.

- Voy a hacer guardia en su casa. Si esa mujer existe, la encontraré ¿vienes?

Lo miro. ¡Lo lleva claro! Con lo que llueve y va a hacer guardia. Pobrecito.

Me guardo la grabadora y negando con la cabeza respondo.

- Me voy a casa. Estoy empapada y no quiero pillar una pulmonía por la estrellita y su amiga. Tú deberías hacer lo mismo.

Pedro, sin decir más, se va.

Piero me hace pasar al restaurante y se preocupa por mí. Secándome estoy con una toalla que me ha dado, cuando escucho a mis espaldas.

- Menuda pulmonía vas a pillar.

Al darme la vuelta me encuentro con la cara sonriente de Manu que está ataviado con una gorra oscura y dejando la toalla pregunto.

- ¿Te has vuelto loco? ¿Qué haces otra vez aquí?

Manu se acerca, me da un beso en los labios y responde.

- He dejado el coche en el parking que Piero me ha dicho y he regresado. Nadie me ha visto —y mirándome dice—. Vamos, un taxi nos espera en la puerta para ir a tu casa. Necesitas un baño caliente.

Media hora después entramos en mi casa y Flash rápidamente viene a saludarlos. Menudo zalamero que es cuando quiere.

Mientras Manu y Flash se comunican, me quito mis empapados zapatos y entonces Manu pasa por mi lado y dice.

- Voy a llenar la bañera.

Escucharle decir eso me hace sonreír y mirando a Flash murmuro.

- Qué mono es ¿verdad?

Con la mirada Flash responde. Pero qué listo que es mi perro. Sigo sin entender que la gente crea que los animales no se comunican con las personas. Si conocieran a Flash ¡flipaban!

Quince minutos después, tras preparar algo de beber, Manu me indica que el baño ya está preparado. Entre beso y beso nos desnudamos. Qué dulce es, y cuando él se mete en la bañera indica.

- Vamos cielo…

Encantada me meto en la bañera, me agacho y me siento en el hueco que dejan sus piernas. Mi bañera no es grande, ni ancha como la suya y riéndome digo.

- Lo siento pero no vamos a poder tener el maravilloso baño relajante que nos dimos el otro día en tu súper bañera.

Oigo su risa en mi oído y entonces murmura.

- Date la vuelta y siéntate sobre mí.

Wooooooooooooooo… lo que me entra cuando lo escucho decir eso.

Y sin dudarlo ni un segundito, me incorporo, me doy la vuelta y me siento sobre él.

Sonriendo nos miramos. Así estamos unos segundos cuando suelta.

- He de marcharme el martes para California por temas de trabajo.

Dejo de sonreír. La realidad es la que es y él al ver mi cara indica.

- Pero el sábado por la tarde prometo estar de vuelta.

Sin saber por qué asiento y no digo nada. Raro en mí.

Quizá es mejor separarnos por unos días. Eso me dará tiempo para pensar qué estoy haciendo y sin duda también se lo dará a él.

Sin decir nada nos seguimos observando, cuando él adelanta su cara para besarme y yo lo acepto mientras siento latir su pene justo debajo de mí.

Dios ¡qué tentación!

Y deseosa de sexo, agarro su pene, lo coloco en la entrada de mi vagina y sin dejar de mirarlo con posesión, susurro mientras lo introduzco en mí, consciente de que no lleva preservativo.

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- El trabajo es lo primero.

Manu sonríe y tiembla.

Yo jadeo y tiemblo.

Con su pene en mi interior, rodeo con mis brazos su cuello y balanceando mis caderas murmuro.

- Te voy a echar de menos.

Manu asiente, su respiración se acelera y afirma cerrando los ojos.

- No tanto, como yo a ti. Ricura.

Escucharle decir eso me hace sonreír, mientras arqueo mi cuerpo para dar y recibir placer.

El agua se sale por el borde de la bañera sin control. Me da igual inundar el piso de abajo. En este instante, en este momento, solo quiero disfrutar…disfrutar y disfrutar, mientras me muevo sobre Manu y siento que disfruta como yo.

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Su boca busca la mía con avidez para besarme.

Su beso es caliente, pecaminoso, inmoral.

Su mirada es tentadora, morbosa, turbadora y me gusta, me gusta mucho.

Ambos sonreímos. Disfrutamos sin vergüenza ni temor de nuestro ardiente momento, cuando ancla sus manos en mi cintura y adelantando su pelvis contra la mía, se clava en mí.

Mi chillido gustoso lo vuelve loco y entre dientes musita.

- Disfrutas tanto como yo.

—Sí… sí…

La locura nos toma.

Nos olvidamos de donde estamos, de vecinos que nos puedan oír, de suelos encharcados y nos dejamos llevar por la pasión y barbaridad del momento.

Somos dos fieras disfrutando de lo que desean, de lo que anhelan, de lo que les gusta y cuando el clímax finalmente nos llega, temblamos y quedamos abrazados.

Así estamos unos minutos con las respiraciones entrecortadas por lo ocurrido, cuando lo miro y retirándole un mechón de su bonito pelo de los ojos murmuro.

- Me encantas, ricura.

Manu sonríe y mientras lo hace, siento dos cosas. La primera felicidad, por disfrutar de lo que hago con él, y la segunda, desconcierto, porque él es quien es, e intuyo que esto no va a ser eterno.

…Continuará

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