Megan Maxwell y el capítulo 18 de su relato erótico para Woman's Day

En la prensa del corazón han saltado las alarmas porque corren rumores sobre una posible novia de Manu. Raquel está atacada ¿afectará este hecho a su relación?

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(Resumen del capítulo anterior: La jefa de Raquel le encarga seguir a Manu para saber con quién sale el actor. Manu está más que nunca en el punto de mira de la prensa del corazón y Raquel tiene miedo de que los pillen, pero el actor no tiene problema en que su relación salga a la luz, pero ella sí).

¡Estoy histérica!

Manu ha dicho que va a venir a mi casa y estoy convencida de que lo van a pillar mis compañeros del 'corazón'.

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¡Menudos somos cuando nos ponemos!

He intentado que me escuche, que intente ver las cosas como las veo yo, pero nada, el tío es un gran cabezón y ha dicho que viene a mi casa sí o sí.

Pero no. He de impedirlo y lo llamo de nuevo. Por suerte tras dos timbrazos oigo su voz.

- Preciosa, justamente estaba pensando en ti.

Ay… Ay… ay… lo que me entra por mi cuerpazo serrano cuando le oigo decir esas cosas.

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- Escucha Manu…

- Si llamas para que no nos veamos la respuesta es no —me corta—. Ya te lo dije antes.

- Pero Manu —insisto—. Tienes vigilancia en tu casa. Mis compañeros son tu sombra ¿cómo vas a venir a mi casa? ¿Estas loco? ¡Nos van a pillar!

- Raquel…

Se enfada. Se lo noto en la voz, e insisto.

- Pero no te das cuenta que si vienes me vas a meter en un circo mediático del que nada quiero tener que ver. Joder, que aquí el famoso eres tú, no yo.

La rotundidad en mis palabras siento que le hacen no contestar. Se calla. Intuyo que lo piensa e indica.

- Pero yo quiero verte ¿Tú no quieres verme a mí?

- ¡Claro que quiero verte! —aclaro desnudando sin cortafuegos mis sentimientos. No puedo mentir.

Ambos nos quedamos en silencio. Sin duda ni nosotros mismos nos entendemos cuando murmuro.

- Escucha… conozco un pequeño restaurante italiano en…

- Iré. Iré donde digas —me corta deseoso.

Eso me gusta. Me hace sentir especial, halagada, importante y tras darle la dirección, antes de colgar dice.

- A las nueve como un clavo estoy allí.

Asiento. Sonrío y cuelgo.

¡Seré idiota!

Pasan dos horas y ya estoy en el restaurante Piero Cazzola del marido de mi prima. Piero, es un italiano de esos de nudo de corbata ancha que parecía un chulito piscinas cuando lo conocimos y que tras tres años casado con Eva nos ha demostrado a todos que es un tío encantador y con cinco dedos de frente.

Mi prima Eva no está y Piero que rápidamente entiende la situación, nos prepara una mesita en un rinconcito la mar de discreto. Encantada estoy mirando la flor que nos ha puesto en la mesita cuando oigo un coche aparcar en la puerta. Tres minutos después Manu entra ¡Dios a cada instante lo veo más guapo! y Piero cuchicheando dice.

- Estaré alerta y si veo algo fuera de lo normal. ¡Te aviso!

- Gracias Piero —sonrío encantada mientras Manu se acerca y me besa en los labios.

Atontolinada por las mil emociones que me hace sentir, murmuro.

- Manu, te presento a Piero. Es el marido de mi prima Eva.

Manu y Piero se dan la mano con afabilidad y el italiano indica.

- Un placer conocerte y podéis estar tranquilos, nadie os molestará.

- Gracias tío —afirma Manu sonriente.

Una vez pasamos a donde nos ha colocado la mesita y Piero se va, Manu bajando la voz pregunta.

- ¿Eva, era la pequeña Pony verdad?

Yo suelto una carcajada y asiento. A mi prima Eva cuando éramos pequeños la llamábamos la pequeña Pony por su espesa cola de caballo en lo alto de la cabeza. Cosas de críos.

Poco después Piero nos deleita con su cocina y Manu y yo lo disfrutamos ¡Qué bien cocina el milanés!

Durante una hora Manu y yo charlamos con tranquilidad, comemos, reímos y nos besamos mientras llueve en el exterior. Disfrutando de nuestra intimidad estamos cuando Piero entra con gesto de circunstancias y dice.

- Siento ser portador de malas noticias pero he visto a un fotógrafo en la puerta.

- ¡Joder! —protesta Manu cambiando su gesto.

Vale… vale… vale ¡Nos han pillado!

Con rapidez me levanto y con disimulo me asomo por donde Piero me indica y rápidamente localizo al fotógrafo. Es Pedro.

Joder… joder ¿Por qué tiene que ser Pedro?

Veo que habla por teléfono y por su gesto siento que esta contento por las fotos que sabe que va a conseguir. Pobre. Estoy a punto de jorobarle lo que sé que le reportaría un buen pellizco de dinero. Angustiada miro a Manu y tras pensarlo digo.

- Siento decirte que la noche se acabó. Tengo que irme.

- ¡¿Qué?!

Intento ordenar mis ideas. Sí o sí, van a pillar a Manu pero a mí no. ¡Me niego! E indico.

- Voy a salir por la ventana de la cocina y…

- ¡¿Pero qué dices está diluviando?!

Vale… hacer lo que voy a hacer es el peor final de una cita pero llegado el momento y ante las pocas ganas que tengo de ser famosa insisto.

- Manu lo siento. No quiero salir en las portadas de las revistas, por lo que voy a salir por la ventana de la cocina y aunque me empape voy a acercarme al compañero que afuera espera, haciéndole creer que me ha llegado un chivatazo como a él. Luego sales tú, te metes en el tu coche y ¡se acabó!

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- Joder Raquel…

- Eso hará que no me relacione contigo. ¡Es el plan perfecto!

El gesto de él no es de lo mejor que he visto últimamente y mirándome protesta.

- ¿Quieres que acabemos la noche así?

Maldigo. Gruño y cuando voy a decir que no, que yo no quiero acabar la noche así, el muy sinvergüenza me planta un besazo que me hacen temblar hasta las tiroides e indica.

- De acuerdo preciosa. Haré lo que me pides pero esta noche dormiré contigo sí o sí.

Alucinada… voy a protestar ¿pero qué locura dice? Cuando me azuza e insiste.

- Vamos… vamos… vete y a ser posible ¡empápate!

Suspiro. No sé si matarlo o comérmelo besos y al final decido marcharme.

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Ayudada por Piero me escabullo como una ratilla por la ventana de la cocina y una vez en la calle en dos segundos estoy empapada. Miro mis pies, mis preciosos zapatos los acabo de echar a perder pero sin dudarlo camino hacia donde está Pedro, que al verme pregunta.

- ¿Tú por aquí?

Sonrío. Disimulo y guiñándolo un ojo afirmo.

- A ver si te crees que eres el único que recibe chivatazos ¿Has visto con quién cena la estrellita?

Pedro niega con la cabeza y yo intentando relajarme me apoyo en un árbol en busca de cobijo y murmuró.

- Muy bien… ¡pues esperemos!

…Continuará

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