Esta es la historia de Amy Anderson que perdió a su hijo pero sacó fuerzas de donde sólo había sufrimiento para intentar ayudar a otras madres. En 2010, Amy Anderson pidió permiso en su empresa para extraerse leche materna en horario de trabajo y se lo negaron. Le dijeron que la ley no obligaba a conceder este permiso a las madres cuyos bebés habían fallecido. Amy no podía creerlo. Además de estar derrumbada por la pérdida de su hijo, Bryson, a causa de una obstrucción en el tracto urinario, sus pechos se llenaban cada día de leche como un cruel recordatorio de su tragedia. Entonces supo que debía hacer algo por la causa de todas las madres lactantes que había perdido a sus bebés, de modo que dejó su trabajo y decidió extraerse la leche en honor a su hijo.

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Comenzó pocos días después de la muerte del pequeño, a pesar de que los médicos se lo desaconsejaron. Quería hacerlo, tanto por Bryson como por los otros dos bebés que ya había perdido previamente en sendos abortos. Extraerse la leche y observar las ecografías de su hijo la ayudaban a superar el drama que estaba viviendo.

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"Éste es el propósito de la vida de Bryson y voy a aferrarme a él", dijo. "Es el momento de relajarme y estar con mi ángel".

Ocho meses después, estaba en condiciones de donar más de 300 litros de leche materna a cinco bancos de leche diferentes, lo que significaba más de treinta mil tomas. Actualmente es la madre de dos niños de 8 y 2 años, Brody y Owen, e invierte buena parte de su tiempo en actividades de voluntariado para bancos de leche, así como en gestionar el perfil de Facebook "Donar a través de la pena: el legado de Bryson". Está trabajando para cambiar la ley de lactancia que una vez se usó en su contra, de manera que se garanticen los derechos de todas las madres. A pesar de que todavía echa de menos a Bryson, asegura que luchar por la causa adecuada la está ayudando a recuperarse. 

"Nuestra familia y amigos siempre se sentían nerviosos cuando tenían que mencionar el nombre de Bryson y no se daban cuenta de que yo necesitaba que le reconocieran", cuenta Amy. "Pero ahora, con lo que estoy haciendo, se le menciona todo el rato, y eso es algo que me hace sonreír".

Vía: womansday.com

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