15 cosas que nunca volverán a ser igual después de ser madre

No vamos a descubrirte a estas alturas de la película que un hijo te cambia la vida, pero seguro que nunca habías imaginado que fuera que tanto.

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1. Dormir del tirón más de 8 horas

¿Te acuerdas cuando todas tus amigas madres te decían que aprovecharas a dormir durante el embarazo? El día que logras encadenar 8 horas sin que tu pequeño te despierte, te levantas con ganas de hacer una fiesta.

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2. El carrito de la compra y el tiempo que pasas en el supermercado

Lo que antes resolvías en 15 minutos con cosas especiales y exquisitas para darte un homenaje en casa con tu chico, ahora inviertes media tarde del viernes o media mañana del sábado paseando por los pasillos del super mirando yogures, tipos de fruta, papillas de cereales, toallitas para el culo…

3. Tu televisión solo tiene 3 o 4 canales

O eso parece. Además en ellos solo ponen dibujos animados. De hecho, ¿de qué televisión hablas? Ah sí, de esa pantalla que hay en el salón y acostumbrabas a ver por las noches.

4. La conversaciones con tus amigas

Ya no van de hombres, ropa o sitios de moda para salir. Ahora van de sacamocos, estrías, noches en vela por toses y vomitonas, los secretos poderes del Vicks Vaporub y de un nuevo uso desconocido de las toallitas húmedas (¿sabes que te dejan los zapatos super brillantes?). Es más, los planetas se habrán alineado si habéis podido quedar para veros sin niños de por medio.

5. La intimidad del cuarto de baño

Olvídate de tener un rato a solas para hacer tus necesidades o darte un baño relajante. Justo cuando hayas cerrado la puerta algún ser que no levanta más de un metro del suelo pronunciará a gritos tu nombre en lo que parece una situación de terrible emergencia o directamente entrará sin llamar en el baño y te preguntará "¿Qué haces?" "Hijo, caca, tu madre también es humana y hace esas cosas" mientras él o ella te mira alucinado. Os juro que me ha pasado.

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6. Los sábados

Antes tenías planes para cenar, para salir o simplemente para tirarte en el sofá... ahora tu vida social es la de tus hijos y tiemblas cada vez que salen del colegio tan felices agitando como locos otra invitación para otro (maldito) cumpleaños.

7. La mesa de centro del salón

Ya no tienes jarrones con flores frescas, libros de arte y revistas de moda y decoración perfectamente colocados: han sido sustituidos por paquetes de toallitas húmedas, biberones, migas y manchas de cosas que no sabes ni lo que son.

8. Tu forma de hablar

Usas diminutivos para todo y a veces ni siquiera te das cuenta. ¿O acaso no dices pequeñito, cucharadita, platanito, duchita, vasito, ito, ito, ito… ? ¡Para ya!

9. Multitarea

Hasta que no has sido madre no te has dado cuenta de la cantidad de cosas que puedes hacer al mismo tiempo: hablar con tu madre por teléfono mientras limpias el culo a un niño y vigilas que el pollo no se te queme, por no hablar de los superpoderes que has desarrollado para saber dónde están todas las cosas que tu pareja y tus hijos no encuentran, aunque estén delante de sus "pequeñ-itas" "naric-itas".

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10. Las escapadas improvisadas de fin de semana

Perdona, ¿de qué me estás hablando? Sí, aquellas que se decidían el viernes a las 15 horas. Improvisadas, ja. Esas no han cambiado, directamente han desaparecido.

11. El coche

Admítelo, ahora tienes un monovolumen y su maletero se ha quedado pequeño aunque cuando lo comprasteis parecía un campo de fútbol que creías que jamás se llenaría al completo.

12. Tu bolso

Antes llevabas las llaves de casa y coche, un pequeño neceser con básicos de belleza, el móvil y la billetera. Ahora, además de eso, sumas varios paquetes de clínex, toallitas húmedas, un chupete viejo, un muñeco de los que vienen en los Kinder Sorpresa y/o muñeco de Playmobil, un pañuelo de papel viejo y seco y manchado por algo que prefieres no saber, un palito de los que el médico usa para mirarte la garganta, envoltorios de "chuches" e alguna chuche pegajosa… ¿seguimos? Es increíble todo lo que cabe en un bolso.

13. Tu cama

Vuestra cama ya no es vuestra, es de todos… tú que siempre dijiste que jamás dejarías que tus hijos durmieran contigo, te has tragado tus palabras y has cedido, o mejor dicho, el cansancio de otra noche sin dormir por una pesadilla, tos o vaso de agua te ha hecho claudicar.

14. Ahora eres invisible

Por lo menos las primeras semanas o meses de vida de tu bebé, que pasas a un completo segundo plano que roza la invisibilidad para tus padres, suegros, hermanos y cuñados. Cuando te llaman sólo preguntan por tu pequeño polluelo y cuando van a tu casa, les falta darte un empujón para quitarte del camino que les lleva directos a ver a su nieto o sobrino.

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15. Tu cuerpo

Tu tripa, tu pecho, tu cara, tu pelo… lo sentimos, pero esos sí que nunca jamás volverán a estar como antes. Pero no te angusties, para tus hijos siempre serás la mujer más guapa del planeta y eso, no tiene precio.

consejos que toda madre debería dar a su hija antes de que crezca
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