14 lecciones que he aprendido siendo enfermera

"Trato de marcar la diferencia cada día".

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La enfermería es una profesión muy valorada y, en ciertos momentos de nuestras vidas, todos nosotros recogemos los frutos que hay detrás del esfuerzo y el compromiso de cada enfermera. La clave es tratar a los demás, unos desconocidos que llegan a tu vida, como si fueran parte de tu familia o de tu círculo de amigos. Pero, ¿cómo es realmente llevar ese uniforme y darlo todo para cuidar a las personas que lo necesitan?, ¿cómo es estar con una persona en su primer día de vida, y con otra en el último?

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Hablamos con Alayne Crock, que ha ejercido de enfermera durante 33 años. Ahora es enfermera con el médico local de cabecera. Alayne se formó en Gales antes de comenzar a trabajar en una base de la Fuerza Aérea de Alemania, donde estuvo tres años. Volvió al Reino Unido para trabajar como enfermera suplente en el hospital John Radcliffe en Oxford y permaneció allí ocho años, en los que aprendió sobre todas las especialidades del hospital, desde pediatría hasta urgencias.

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A lo largo de esta variada y enriquecedora carrera como enfermera, éstas son las lecciones que Alayne Crock ha aprendido:

1. Ser enfermera es algo de lo que estar orgullosa

Las enfermeras fueron tratadas como sirvientas de los médicos durante muchos años, pero eso ha cambiado por completo. Ahora son respetadas como deben serlo. Yo soy enfermera porque quiero serlo, no porque no pueda ser doctora.

2. Una buena enfermera tiene que ser fuerte

Debes tener una voluntad inquebrantable, poder controlar tus emociones, valorar tu duro trabajo y tener estómago. Una piel dura también es de agradecer a veces.

3. Aunque también una disposición dulce y amable

Paciencia infinita, un toque de suavidad y amabilidad, eterna empatía y mucho sentido del humor son las cosas que me hacen sobrevivir cada día.

4. Serás presionada hasta tus límites

Tanto mental como físicamente. Mi trabajo me hace reír y llorar, todo al mismo tiempo y, a veces, la presión puede ser muy intensa. Pero jamás, en mis 33 años de profesión, he querido quedarme en casa en vez de ir a trabajar.

5. ¡Hasta he aprendido a cantar!

He descubierto que nada alivia y tranquiliza a un paciente anciano tanto como una canción. Me conozco todas las viejas canciones de memoria. ¿Y qué hay de los bebés y niños que tienen que vacunarse? Una canción les mantendrá distraídos.

6. La muerte puede ser algo bonito

He conocido a muchas personas valientes, que han dado la cara a la muerte con verdadero coraje, dignidad y aceptación. Algunas de las muertes más tranquilas ocurren entre los ancianos, quienes han vivido muchos años felices y se encuentran preparados para marcharse. No están asustados, simplemente calmados.

7. Tengo el privilegio de poder compartir esos últimos momentos

Es un honor para mí poder hacer de la muerte de alguien algo especial, cálido y sin interrupciones.

8. Los humanos somos una especie inspiradora

Siempre me acordaré de Hilary. Yo estaba en mi primera guardia y Hilary había dejado a su marido después de muchos años de abusos. Tenía 40 años y acababa de ser diagnosticada con un cáncer terminal.

Separada de sus familiares, nos sentamos con ella por turnos. Era la mujer más digna e increíble que he conocido, y nunca se quejaba. Cuando murió dos semanas después, todos lloramos juntos, nosotros éramos su única familia al fin y al cabo.

9. Soy un poco ambivalente con mi propia salud…

Probablemente más de lo que debería, pero soy consciente de que no debo usar el tiempo del doctor, a no ser que sea absolutamente necesario.

10. Y bastante dura con la de mi familia

Siempre estoy diciéndole a mis dos hijos que tengan perspectiva cuando se quejen de un dolor de cabeza o una resaca. Algunas personas están enfermas de verdad. Pero cuando realmente están mal, no puedo hacer otra cosa que preocuparme.

11. Una enfermedad puede agitar tu mundo

Cuando alguien está enfermo, pone a su familia bajo estrés. Siempre ocurre lo mismo, o se mantienen unidos o surgen las peleas. No hay dos personas que se tomen las malas noticias de la misma forma, y aquellos que parecen ser los más fuertes al principio son los que normalmente se derrumban los primeros.

12. Pero el cuerpo y la mente son increíblemente fuertes

Es sencillamente increíble que, cuando las cosas van tan mal, el cuerpo sigua luchando. La mente quiere sobrevivir y las personas con una mente fuerte pueden conseguirlo.

13. Los pacientes me tienen ganada o me agotan

Me he cruzado con todo tipo de pacientes y he aprendido cómo lidiar con cada uno. Algunos ponen mi paciencia a prueba, otros me causan ternura y ganas de no hacer nada más que abrazarles; otros son tan valientes y dignos de cara a las adversidades que me siento impresionada, y a otros me dan ganas de alzarlos en brazos, llevarlos a casa y cuidarlos yo misma.

14. Yo marco la diferencia

Todavía aprendo algo nuevo cada día, y cada lección aprendida, grande o pequeña, marca la diferencia en la vida de alguien.

Vía: www.goodhousekeeping.co.uk