Megan Maxwell y el capítulo 28 de su relato erótico para Woman's Day

Tal y como elegisteis la semana pasada, en esta entrega sucede algo realmente inesperado.

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(Resumen del capítulo anterior: tras una discusión en una fiesta, la pareja hace las paces con una magnífica noche disfrutando el uno del otro. Sin embargo, su felicidad podría verse empañada por un suceso inesperado).

Tras una estupenda mañana en la que sacamos a Flash a pasear, a la hora de comer cocino unos filetitos empanados que hacen que nos chupemos los dedos.

Tirados en el sofá estamos cuando a las seis de la tarde suena mi teléfono.

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Son mis amigos Azu y Tomás, periodistas como yo, para recordarme que esa noche tenemos la cena de despedida de un colega que se jubila.

Uf… se me había olvidado.

Llevamos preparando la cena de Agus meses y una vez cuelgo, miro a Manu y se lo explico.

- Ve tú. Yo no voy.

- Manu, son periodistas de fiar.

- No.

- Son mis amigos —insisto—. Confía en mi por favor.

- Raquel, confío en ti pero prefiero no ir.

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Aquella actitud me joroba. Es una cena de amigos y parejas e insisto.

- Joder Manu ¿acaso no vamos a poder quedar con mis amigos nunca?

Este se levanta del sillón, se acerca a mí e indica.

- No quiero discutir contigo.

Su rotundidad me hace callar y tras darme un beso, coge su chaqueta y guiñándome un ojo dice.

- Ve a esa cena y pásalo bien.

Se va. No lo paro, aunque me acaba de destrozar el corazón al ver que no confía en mí.

Pero mi sorpresa llega una hora después, cuando suena el portero de mi casa y es él. Y al abrirse la puerta del ascensor, Manu me mira sonriendo y dice.

- Confío en ti y cenaremos con tus amigos.

Sin poder evitarlo sonrió y lo beso. Me gusta que confíe en mí.

A las nueve de la noche entramos en "La brasa" un restaurante argentino de confianza donde vamos a celebrar la cenita. Azu y Tomás ya han advertido al resto de compañeros quien es mi acompañante y todos aceptan tratarlo como a uno más. Eso me gusta y siento que a Manu también.

Todos disfrutamos de la cena y cuando Agus abre el regalo que entre todos le hemos comprado, el pobre se emociona y con él la mayoría entre los que me incluyo yo, que soy de lágrima fácil.

Acabada la cena, el local lo cierran y nos quedamos dentro a tomar unas copas. Observo que llegan otros compañeros y eso me alerta, hasta que Azu y Tomás me aclaran que todos están advertidos de que Manu es un invitado más y no se le puede molestar. Asiento y se lo agradezco.

Pero media hora después al mirar a Manu, siento que su gesto ha cambiado y al acercarme y ver que están con él Cuca y Raúl digo.

- Si no os importa, Manu quiere disfrutar de la fiesta.

Aquellos dos se miran y obviándome, Raúl prosigue.

- El que tú no confirmaras que estuviste con Rebeca McDonalson, no quiere decir que no estuvierais juntos ese verano.

Manu molesto me mira y responde.

- Simplemente asistimos a una fiesta donde había más gente.

- ¿Qué ocurrió con la actriz Lola Muñoz? —pregunta Cuca—. Porque con ella sí que nos consta que tuviste algo.

Aquella pregunta siento que incomoda a Manu y responde.

- Estamos en una fiesta ¿seríais capaces de disfrutarla?

Pero mis compis, ya han metido la directa y Cuca insiste.

- Adriana Steward ¿tampoco estuviste con ella?

Con la mirada busco a Azu, o a Tomás, para que me ayuden. Necesito que aquellos acaben con sus incómodas preguntas, antes de que me ponga a repartir guantazos, cuando Raúl que es peor que una mosca cojonera, indica.

- Rebeca, Lola y Adriana son bellezones ¿cómo un tío como tú se va a resistir a unas mujeres así?

Manu a cada instante más cabreado responde.

- Por suerte en mi trabajo estoy rodeado de bellezones ¿eso quiere decir que he de tener algo con todas?

Raul sonríe. Yo no. Cuando Cuca, que es para matarla, cuchichea.

- Manu, eres una estrella del celuloide y lo raro es que alguien como tú, que puede tener a la mujer que desee, tenga algo con una mujer como Raquel.

¡Hasta aquí hemos llegado!

Como si yo fuera un toro de Miura, me meto en el centro y mirando a Raúl y Cuca siseo.

- ¿Por qué no os vais a la mierda de una santa vez?

Mis compañeros sonríen y se alejan cuando Manu murmura.

- Está más que visto que vosotros, sois incapaces de separar la vida real del jodido trabajo. Si veis una noticia ¡vais por ella!

Incómoda no sé qué decir. Tiene más razón que un santo cuando de pronto veo que entra en el local Lola Muñoz.

Ay Dios… ¡Ay Dios! ¿Pero quién narices la ha invitado?

Un año atrás, Manu y ella tuvieron una relación que no acabó bien y tras mirar a Raúl y ser consciente de que él la ha llamado voy a decir algo cuando Manu que ya la ha visto suelta.

- ¡Joder! La que faltaba.

Azu alertada por quien ha entrado, se acerca a nosotros.

- Tranquilos. Esta se va de aquí a la de ¡ya!

Tiemblo. Me agobio y Manu mirándola dice.

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- Mejor me voy yo.

—Nos vamos —aclaro yo.

Pero Lola como una bala se acerca a Manu, a mí ni me mira y dándole dos besos dice.

- Hola cariño.

- Hola Lola.

Uf… Uf…Uf… lo que me entra.

No me gusta cómo lo mira…

No me gusta cómo sonríe…

Y cuando aquella en plan divina divinona, por no decir putón verbenero dice:

- ¿Me pides un gin tonic cariño?

Estoy a punto de saltar a lo Lara Croff sobre ella para aplastarla, cuando Manu con caballerosidad me pide tranquilidad, le pide al camarero el malditogGin tonic y una vez este lo deja sobre la barra, se lo entrega al putón verbenero y dice.

- Ahora, aléjate de mí para tomártelo.

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Sus palabras me gustan. Me hacen sentir bien cuando sin esperárnoslo el gin tonic de aquella zorrasca acaba sobre la cara de Manu.

Al ver aquello, mi primer instinto es empujarla ¿Pero qué ha hecho?

A Manu, le chorrea el gin tonic por el rostro y todos comienzan a mirarnos.

Azu y Tomás intentan poner orden en aquel desaguisado mientras Lola chilla lo que lleva guardando un añito y algún que otro flash nos ilumina.

Manu cabreado me coge de la mano, tira de mí y una vez llegamos a la puerta sisea.

- ¿Estás contenta?

Boquiabierta voy a contestar cuando aquel molesto gruñe.

- Te dije que no era una buena idea. Me fié de ti. Te dije que…

- Manu, me prometieron que…

- ¿Te prometieron? —vocea—. Joder Raquel, ¿pero en qué mundo vives?

Sé que él tiene razón, pero yo también siento que la tengo.

Durante la cena ninguno de mis amigos periodistas lo ha molestado porque todos se han comportado como las grandes personas que son. El problema ha venido tras la cena con los que han entrado.

Manu abre la puerta del local para salir y ¡Dios santo!

Cientos de flashes se disparan a nuestro alrededor. Todos los periodistas saben que la estrella Manuel Beltrán está allí y yo me siento fatal.

Cierra la puerta del local y Azu, Tomas y Agus le piden disculpas por lo ocurrido. Están tan consternados como yo. Manu asiente y se separa de nosotros mientras yo les advierto de la que hay liada fuera con la prensa.

Al volverme para mirar a Manu lo veo con gesto serio hablando por teléfono y le oigo decir.

- Sí, Concha. Lo espero.

Una vez cuelga el teléfono, Manu me mira. ¡Ay Dios cómo me mira! Y un extraño escalofrío me cruza el cuerpo.

Diez minutos después, ayudados por algunos amigos periodistas, conseguimos atravesar la avalancha de fotógrafos hasta llegar al coche y cuando arranca Manu mirándome sentencia.

- Esto no va a funcionar.

- ¿Qué? —murmuro en un hilo de voz.

Manu coge mis manos y mirándome a los ojos indica.

- Raquel, me gustas mucho, pero esto es una locura y creo que lo mejor es…

Ay Dios… ¡que intuyo lo que va a decir! Y antes de que lo diga suelto yo.

- Tienes razón. Esto no va a funcionar.

En silencio estamos durante todo el trayecto hasta que al llegar a mi casa, el coche para y él pregunta.

- ¿Quieres que hablemos?

Lo miro y niego con la cabeza.

El silencio que nos ha acompañado durante el viaje ha hablado por nosotros y abriendo la puerta simplemente digo con una sonrisa mientras bajo del coche.

- Todo está hablado. Adiós Manu.

Sin mirar atrás camino hacia mi portal con dignidad mientras oigo como el coche arranca y se aleja.

Mantengo el tipo hasta llegar al interior de mi casa y una vez cierro la puerta, Flash viene a recibirme y agachándome para abrazarle, me permito llora. Ahora sí.

…Continuará

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