Megan Maxwell y el capítulo 27 de su relato erótico para Woman's Day

La monumental bronca de Manu y Raquel en la cocina del sitio donde tenían una fiesta está en boca de todos, pero ellos harán de su pasión su mejor coraza.

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(Resumen del capítulo anterior: Raquel acompaña a Manu a una fiesta en la que hay muchos famosos. En un momento determinado ve como un famoso futbolista y una conocidísima actriz se besan y nadie lo sabe. Sin dudarlo, Raquel saca a la periodista que lleva dentro y los graba con el móvil, lo que provocará una bronca monumental con su chico en la cocina del sitio).

Menuda movida hemos montado en las cocinas de aquel lugar.

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Él me dice….

Yo le digo…

Y al final, enfadada, y sin importarme quien me pudiera fotografiar, me dirijo a la puerta del local dispuesta a irme a mi casa, pero antes de llegar, Manu, me para y dice.

- Saldremos juntos, como hemos llegado y ahora haz el favor de sonreír.

Como es de esperar, a la salida los fotógrafos nos acribillan a fotos, en las que por supuesto yo sonrío. Bastante tengo con saber que he discutido con Manu como para que todo el mundo lo sepa.

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En silencio vamos en el coche mientras el chofer callejea por las calles de Madrid y yo me siento fatal. No debí haber grabado ese video. Debí olvidar mi faceta de periodista.

Una vez llegamos a mi portal Manu y yo nos miramos. Está claro que la discusión va a continuar, cuando pregunta.

- ¿Quieres o no que suba a tu casa?

Sin dudarlo asiento.

¿Pero cómo no voy a querer que suba?

Una vez el coche se va, abro la puerta del portal y nos dirigimos al ascensor. El mal rollo continúa y siento que si abro la boca, voy a decir algo inapropiado.

Salimos del ascensor, abro la puerta de mi casa y Flash sale a saludarnos. Su calidez hace que los dos sonriamos y nos relajemos y una vez mi maravilloso Flash se da por saciado nos miramos y oh… oh… creo que vamos a discutir.

Y sin ganas de ello, me acerco a él, paso mis manos alrededor de su cintura y lo beso.

Uno mis labios a los suyos y, encantada, soy consciente de que él me desea tanto como yo a él y sin decirnos nada nos dejamos llevar y terminamos sobre mi sofá, haciendo el amor.

Cuando horas después despierto sobre la cama no sé qué hora es. A mi lado Manu está dormido como un ceporro y sonrío.

¡Qué mono es!

La noche comenzó mal pero por suerte la acabamos bien.

Encantada lo miró un buen rato disfrutando de las vistas que el pedazo de tiarrón me ofrece, cuando le suena el teléfono móvil que dejó sobre la mesilla, indicándole que ha recibido un mensaje.

El molesto sonido lo despierta y mirándome dice con una maravillosa sonrisa.

- Buenos días preciosa.

Sonrío.

Si es que cuando me sonríe puede conmigo. Me da un rápido beso en los labios, se sienta en la cama, coge el teléfono y lo mira. Pasados unos segundos murmura.

- Joder…

Uf… le ha cambiado el gesto.

Su sonrisa ha desaparecido para dejar paso a una cara de cabreo monumental y mirándome dice.

- Gracias a tu inadecuada acción de anoche, estamos de nuevo en todas las plataformas.

Sin entender a qué se refiere me incorporo. Me siento en la cama y cuando veo el vídeo que me enseña en la que se nos ve a los dos discutiendo como dos posesos en las cocinas del lugar donde cenamos anoche, maldigo y Manu dice.

- Me indican que uno de los cocineros lo grabó y ahora este vídeo es viral.

Lo miro. Veo que está subido a Youtube apenas 6 horas atrás y ya tiene nada menos que 5.457.392 visitas.

¡Madrecitadelamacarenaespiazaymoreneta!

No sé qué decir cuando aquel insiste.

- Que estemos juntos significa medir nuestros movimientos en público porque todo es cuestionable para los periodistas y para cualquiera persona que se cruce en nuestro camino.

- Tú comenzaste la discusión —le acuso.

- ¡Y tú la provocaste! —me suelta.

Vale. Tiene razón. Yo la provoqué. Yo la cagué.

Sin saber qué decir estoy cuando mi teléfono comienza a vibrar una y otra vez. Sin cogerlo lo miro. Son mensajes.

- Ahí lo tienes. Seguro que te hablan del vídeo —gruñe Manu.

Sin palabras estoy cuando el teléfono de aquel suena y este cogiéndolo dice levantándose de la cama.

- Sí, Concha. Ya lo he visto.

Sin prestar atención a los mensajes que me llegan observo a Manu discutir con su representante y maldigo. Si él tiene ese tono duro de voz que tiene, no me quiero ni imaginar como será el de ella.

Incapaz de seguir mirándolo cojo mi teléfono. Tengo infinidad de mensajes, de Whatsapp, de todo, pero solo abro el de mi amiga Gloria que pregunta: ¿Has visto esto?

Sin dudarlo abro el archivo adjunto y Manu y yo aparecemos discutiendo como dos posesos, mientras los camareros y cocineros del evento nos miran y hasta parecen reírse de nosotros.

¡Madre mía… madre mía! Qué genio nos gastamos el Manuelito y yo cuando nos ponemos.

Una vez el vídeo acaba tiro el teléfono sobre la cama cuando Manu que está parado a los pies me mira, se deja caer en ella y abriendo sus brazos dice.

- Creo que lo mejor es que nos besemos.

Al ver la curvatura en su boca, sonrío y reptando por la cama, me tumbo sobre él y lo beso. Lo devoro consciente de lo mucho que me gusta y de lo mucho que siento lo ocurrido.

Un beso nos lleva a otro…

Una caricia a otra…

Y enloquecida de deseo estoy cuando siento su mirada febril sobre la mía y le oigo exigir con voz llena de morbo y sensualidad.

- Abre tus piernas para mí.

Woooooooooooo ¡lo que me entra!

Solo con decirme esa frasecita me vuelve más loca de lo que estoy.

Cuando se acopla entre mis piernas abiertas para él y siento su maravillosa y apetecible erección entre ellas, sonrío gustosa. Y animándolo a que me posea de aquella manera que él sabe que me gusta, susurro.

- Dámelo todo, estrellita.

Y me lo da.

¡Claro que me lo da!

Me da lo suyo, lo de su primo, lo de su amigo.

¡Dios qué placer!

No me priva de nada de lo que deseo, de lo que le pido, mientras nuestros cuerpos se mueven gustosos sobre la cama en busca de gozo y nuestras respiraciones aceleradas nos enloquecen más y más.

Somos dos animales en cuestiones de sexo y olvidándonos de vídeos y problemas, nos dejamos llevar por el momento y la excitación y nos hacemos el amor de tal manera que sin proponérnoslo, conseguimos llegar a perder la razón.

Cuarenta y siete minutos después, mientras los dos tumbados en mi cama miramos el techo con las respiraciones aún entrecortadas por el buen ratito que hemos pasado, siento que la mano de Manu coge la mía y murmura.

- Adoro hacer el amor contigo.

Sonrío. ¡A mí me apasiona!

Pero sin querer regalarle los oídos, pues imagino que muchas a lo largo de su carrera se los habrán regalado, respondo.

- No ha estado mal.

Manu me da un pellizco en el muslo. Estoy convencida de que deseaba escuchar otra cosa, cuando mirándome dice.

- No podemos volver a montar otro numerito de esos.

Consciente de que tiene razón asiento y afirmo.

…Continuará

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