Megan Maxwell y el capítulo 25 de su relato erótico para Woman's Day

La fama de Manu empieza a tener consecuencias en la relación de nuestra pareja favorita.

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(Resumen del capítulo anterior: tras acceder al posado robado, la pareja es noticia en todo el mundo. Raquel y Manu intentan seguir con su vida como si nada, pero debido a la fama del actor va a ser complicado y la representante de él, se mete demasiado en su vida).

Cuando abro la puerta de la casa de Manu, me quiero morir.

Tras la verja veo a varios periodistas que conozco y se me ponen los pelos como escarpias. ¡No tengo escapatoria!

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Cierro la puerta. Quiero salir de allí sin ser vista pero es imposible. Salga por donde salga mis compañeros me van a ver, pensando en ello estoy cuando la voz de Concha dice.

- ¿Quieres marcharte?

Su gesto como siempre es serio y mirándome por encima de sus gafas de pasta insiste.

- Si quieres salir de aquí, puedo hacer que salgas sin que seas vista.

—Te lo agradecería —afirmo.

Según dice aquello, abre su teléfono, marca, le oigo hablar con alguien y dice.

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El relato erótico de Megan Maxwell

- En diez minutos saldrás.

Diez minutos después, salgo en la parte de atrás de una furgoneta que ha traído flores.

Una vez la furgoneta me deja en casa de mi madre, por suerte no hay vecinas a la vista, subo a toda leche, llamo a la puerta y cuando mi madre abre cuchichea.

- Ay hija ¿pero qué famosa te has hecho?

Sonrío. No lo puedo remediar y entrando murmuro mientras saludo a Flash que está con ella.

- Mamá el famoso es Manu, no yo.

- De eso nada mi lucero —añade ella—. A Manu ya lo tienen muy visto, pero tú sales preciosa en las fotos. Mira… mira qué perfil tan mono se te ve.

- Mamaaaaa.

- He comprado en el quiosco de Jesús diez ejemplares y se las he regalado a tus tías, a Juanita y a la Pucheros. Ay mi niña ¡Ay mi niña!

La emoción de mi madre me vuelve a hacer sonreír cuando añade.

- Si ya sabía yo que entre Manolito y tú, siempre existió una atracción. Por cierto, muy amable tu amiga. Qué chica más mona y encantadora.

Eso llama mi atención y pregunto.

- ¿Qué amiga?

- La chica que vino hace una hora para hablar conmigo —y suspirando cuchichea—. Me ha hecho recordar cosas tan bonitas de tu adolescencia y lo que nos hemos reído cuando le he contado lo mucho que os gustaba a Manu y a ti comer bocadillos de chorizo de Pamplona y ha visto la foto en la que estáis vestidos de Tarzán y Jane.

- ¡Mamá! —le corto incrédula.

¡Mecagoentodoloquesemenea!

Alguna espabilada ha visto en mi madre a una presa fácil y ha ido a por ella. Rabiosa y enfurecida estoy cuando mirándola pregunto.

- Vamos a ver mamá ¿se puede saber con quién has hablado?

Mi pobre madre me mira y responde mientras toca la cabeza de Flash.

- Pues no sé, con una muchacha que dijo llamarse Loli.

¿Loli? ¿Mi Loli?

- Me ha dicho que la revista para la que colaboras está tan feliz de que tú seas la novia de la súper estrella Manu Beltrán, que están preparando un especial y…

- ¡Joder… Joder! —protesto.

- Por el amor de Dios hija de mi vida —gruñe mi madre— ¡Qué te he dicho yo siempre de decir palabrotas!

Maldijo… a mi madre le ha metido toda la anchoa, Loli ¡mi Loli! Y cuando voy a protestar, de pronto veo los álbumes de fotos sobre la mesita. Oh no… ¡Oh no!

- Mamá ¿no le habrás dado ninguna foto a esa periodista?

- No… claro que no.

Eso me hace respirar hasta que dice.

- Solo ha fotografiado media docena en la que estáis tú y Manu.

- ¡Mamaaaaaaaaaa!

Incrédula miro a mi madre y cuando voy a decir lo más grande, al ver su gesto de no entender nada, intento rebajar mi nivel de enfado y murmuro.

- Por favor mamá, a partir de ahora no abras la puerta a ningún periodista por muy amigo mío que te diga que sea y no contestes a preguntas, ni dejes que nadie fotografíe mis fotos.

- Pero hija…

- Mamá. Tengo que ir a la redacción. Quédate con Flash hasta que vuelva.

Y sin más salgo de allí hecha una furia dispuesta a comerme a Loli.

Cuando llego a la redacción, no sé si me miran por el humo que sale de mi cabeza, o por ser la nueva conquista de Manu Beltrán. Como una hidra camino bajo la atenta mirada de todo el mundo hasta el despacho de Loli y abriendo la puerta siseo.

- ¿Cómo has podido? —No contesta e insisto—. ¿Cómo has podido jugar tan sucio?

Loli se levanta y rápidamente contesta.

- No soy la Loli que ha estado en tu casa, Raquel.

Nos miramos con seriedad cuando una mujer que hay sentada frente a ella se levanta. ¡Es Concha! Y mirándome dice.

- Le dije a Manu que traerías problemas y ya llegó el primero gracias a tu bendita madre —y mirándome de una manera que no me gusta un pelo dice enseñándome una tarjeta de memoria chiquitita—. Por suerte, las fotos ya están en mi poder.

Molesta por sus palabras, extiendo la mano.

- Dámelas.

Concha sonríe. No sé a qué juega, pero yo no estoy para jueguecitos y al ver que no se menea insisto.

- Dame la puñetera tarjeta de memoria si no quieres que monte la tercera guerra mundial aquí.

Pero nada. Ni caso me hace.

Por lo que enfadada, mosqueada y tremendamente cabreada, dejo salir al bicho que vive en mí y monto un gran pollo en el despacho de Loli en la redacción.

Grito a Loli.

Grito a Concha.

Grito a todo el que se le ocurra aparecer por aquel despacho hasta que de pronto escucho a mis espaldas.

- ¿Se puede saber qué haces?

Al volverme, me encuentro con Manu tan esplendoroso como siempre e inconscientemente miro a todas las mujeres y algún hombre que tras él están y ¡todos babean móvil en mano!

Madre… madre… ¡lo que me entra!

Mi gesto debe ser tal que Manu intentando poner paz en todo aquel despropósito, mira a Concha y extendiendo su mano dice en un tono bajo.

- Dame la puñetera tarjeta de memoria.

Una vez aquella se la da, Manu me mira y con seriedad dice.

- Vámonos de aquí.

Siento que Concha quiere sacarme los ojos. Se acerca a Manu para cuchichearle algo cuando Loli se acerca a mí y murmura.

- Créeme, no fui yo. Esa tal Loli ha sido una enviada desde las altas esferas.

Sin saber por qué asiento. Quiero que Loli, siga siendo ¡mi Loli! cuando Manu, agarrándome por la cintura, me da un beso de tornillo, mientras oigo un ¡ohhhhhh! general en toda la redacción.

Un minuto después cuando estamos en el ascensor, Manu enseñándome la tarjeta de memoria dice entregándomela.

- Habla con tu madre y dile que se mantenga calladita.

- Pero Manu…

- Raquel —me corta—. Te han estado grabando en la redacción. Buscan carnaza ¡y tú se la has dado!

Incrédula lo miro ¿pero cómo he podido ser tan tonta?

- Ese beso ha sido a cambio de que omítan las imágenes de tu enfado. Por lo tanto, prepárate porque mañana, más que la foto de la gala de esta noche, la que abrirá la revista, será la del beso que te he dado en la redacción.

—¡¿Qué?!

Una vez se abre el ascensor Manu molesto añade.

- Raquel, aquí nadie da nada gratis ¿acaso no eres periodista?

Asiento. Tiene razón. Y yo he caído como una tonta.

…Continuará

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