Megan Maxwell y el capítulo 22 de su relato erótico para Woman's Day

Tras ser pillados en el hospital por un paparazzi, la pareja se enfrenta a uno de los momentos más difíciles de su relación.

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(Resumen del capítulo anterior: Tras recibir la noticia de que Manu ha tenido un accidente y está ingresado, Raquel no duda en ir a verlo al hospital. La pareja se reconcilia y a pesar de las lesiones de Manu no pueden evitar fundirse en un apasionado beso. Su romántico momento se ve interrumpido por el sonido de una cámara de fotos de un paparazzi).

¡Histérica!

Esa es la palabra que mejor me define a las siete de la mañana.

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Manu en el hospital y, por si eso fuera poco, estoy a la espera de recibir alguna llamada diciéndome ¡te hemos pillado!

Acalorada estoy en el salón de mi casa dando vueltas como una tigresa encerrada cuando oigo mi móvil sonar. Rápidamente miro a mi alrededor. Lo oigo pero no lo veo.

¿Dónde está?

El ruido parece venir de mi habitación y cuando veo mi bolso tirado en un lateral de mi habitación, me lanzo a por él. Y como siempre, como es tan grande, saco de todo menos el puñetero móvil.

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Cuando por fin lo localizo el teléfono deja de sonar. Rápidamente miro en registro de llamadas y veo que es un teléfono que no conozco.

- Joder… Joder… Joder…

Me entran las cagalandras de la muerte.

Seguro que alguien ya me ha reconocido en las puñeteras fotos.

Con paso decidido regreso al salón, cuando el móvil que llevo en la mano comienza a sonar otra vez. Lo miro. En la pantalla vuelve a salir el número de teléfono que no conozco y tras aspirar, respondo.

- Sí. Dígame.

- Hummm… qué seria estás preciosa.

Al escuchar la voz de Manu, mi cuerpo se relaja. Sin duda escucharle me hace bien y bajando la voz, como si alguien en mi casa me fuera a escuchar, pregunto.

- ¿Desde dónde me llamas?

Sin verlo, sé que sonríe, cuando responde.

- Desde el teléfono de mi madre.

- ¿Y estás hablando con ella delante? —pregunto preocupada

- No. Ella ha bajado a desayunar a la cafetería y me ha dado unos minutos de paz.

Eso me hace sonreír.

- ¿Cómo estás?

Manu suspira. Su suspiro me llega al alma.

- Algo dolorido y deseoso de que vengan a darme el alta

En ese instante suena el portero automático de mi casa. ¿Pero quién viene a estas horas? E inquieta murmuro.

- Dame un segundo que han llamado a la puerta.

Rápidamente me dirijo al portero automático.

- ¿Quién es?

- Soy Pedro.

- ¿Pedro? ¿Qué Pedro? —pregunto desconcertada.

- Preciosa, soy tu compañero fotógrafo —matiza aquel.

Uf… Uf… ya sé quién es. Mal presagio.

Doy al botoncito del portero automático para que se abra y poniéndome el teléfono en la oreja murmuró.

- Manu…

- Oye… —me corta—. ¿Quién narices es ese Pedro?

Estoy bloqueada. Lo admito.

No sé qué hace Pedro en mi casa, pero mi intuición femenina me hace imaginar, y como no tengo tiempo para numeritos respondo sin pensar.

- Manu, tengo que dejarte.

Y sin más cierro mi móvil acabando la conversación.

No tengo cuerpo ni tiempo para dar explicaciones. Instantes después el teléfono vuelve a sonar. Manu otra vez. Directamente quito el sonido.

Unos golpecitos suenan en la puerta de mi casa. Trago saliva, levanto el mentón y con la mejor de mis sonrisas abro la puerta.

Mis ojos y los de Pedro conectan, cuando aquel sin parpadear pregunta.

- ¿Puedo pasar?

Como un autómata asiento.

Pedro pasa, Flash lo recibe como si lo conociera de toda la vida, y cuando el saludo entre aquellos termina y yo he cerrado la puerta, Pedro abre su bolsa y sacando una revista dice.

- Creo que tenemos que hablar.

¡Ostras que me da!

Cojo la revista, veo una gran foto en portada ¡en portada! Y maldigo. En ella se nos ve a Manu y a mi besándonos en el hospital, pero por suerte, la foto está tomada desde tal ángulo, que es imposible reconocerme y mirándole susurro.

- ¡¿Tú?!

Pedro asiente.

- Sí. Yo.

Como se suele decir, a buen entendedor, pocas palabras bastan.

No sé qué hacer. Estoy desconcertada y pregunto.

- ¿Quieres un café?

Él asiente y dándome la vuelta me encamino hacia la cocina. Necesito unos segundos.

Cuando regreso con los cafés, Pedro y Flash siguen intimando y cuando me siento en el sillón Pedro dice.

- Lo siento, pero es mi trabajo.

No digo nada. Me niego. Cuando él al ver mi gesto afirma.

- Nadie sabe quién es la doctora morena de la foto, pero yo sé que eres tú. Te vi.

- ¡Joder! —suspiro.

A partir de ese instante, hablamos… hablamos… hablamos. Ambos tenemos nuestro punto de vista y cuando no llegamos a un entendimiento Pedro insiste.

- Sabes que es cuestión de días que sepan que eres tú ¿lo sabes verdad?

Me desespero. No quiero darle la razón pero la tiene. Menudos somos los periodistas y murmuro.

- Pedro no…

- Lo siento Raquel. Eres periodista como yo y sabes que lo que tengo entre manos es un bombazo. ¡Joder que es Manu Beltran!

- Sé muy bien quien es —respondo molesta.

Pedro asiente y mirándome indica.

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- Te propongo hacer una exclusiva hablando sobre vuestra relación o un robado de calidad.

- No.

- Raquel —insiste.

- Que no —gruño yo.

Pedro se mueve en el sillón. Está tan incómodo como yo e indica.

- Piénsalo. Podemos hacerlo donde queráis en el plazo de una semana como máximo. Buscamos un entorno ideal, os hago unas bonitas fotos y…

El portero automático de mi casa suena. Abro los ojos despavorida.

Ay madre… Ay madre…

No me muevo. El timbre suena y suena y suena. Quien sea desde luego lo va a quemar y dándome por vencida, me levanto del sillón, camino por el pasillo y cogiendo el telefonillo pregunto.

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- ¿Quién es?

—Soy Manu. Abre.

Madre mía ¿Y ahora este?

¿Pero qué hace aquí?

Pienso. Pienso qué hacer. Y consciente de que no puedo dejarlo en la calle, aprieto el botón de la puerta.

Sin moverme de allí, espero a que el ascensor llegue y cuando abro la puerta de mi casa, con gesto de enfado me mira y sisea.

- ¿Se puede saber por qué me has colgado?

Voy a contestar, cuando observo que sus ojos miran por encima de mi cabeza y oigo la voz de Pedro decir mientras se acerca.

- Hola Manu —llega hasta nosotros y enseñándole la portada de la revista dice—. Soy quien os hizo las fotos en el hospital y creo que debemos de hablar.

Manu y yo nos miramos a los ojos. No sé que decir y tras él resoplar, entra en mi casa. Cierra la puerta de un portazo y mirando a Pedro con gesto de furia dice.

- Muy bien. Hablemos.

…Continuará

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