Megan Maxwell y el capítulo 21 de su relato erótico para Woman's Day

Esta vez el genio de Raquel ha ido demasiado lejos y Manu no lo ha aguantado. Tras aparecer en su casa tras su viaje a Estados Unidos, los celos le juegan una mala jugada.

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(Resumen del capítulo anterior: Raquel está pagando muy caro su tonto ataque de celos. Manu apareció en su casa tras su estancia por trabajo en Estados Unidos y ella le montó una escena. El actor, que no se caracteriza por aguantar tonterías, se marchó sin pensarlo dos veces).

Una semana.

Ha pasado una semana desde que me mostré ante Manu como una maldita celosa, posesiva y, como era de esperar, ni me ha llamado, ni me ha buscado.

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Ay madre… que sí…que tenía razón. ¡Que estaba celosa!

Paseando estoy con Flash por mi barrio cuando me suena el móvil.

Rápidamente lo saco de mi pantalón y no, no es él ¡qué más quisiera yo! Es mi amiga Gloria, por lo que algo desilusionada voy a saludar cuando pregunta.

- ¿Por qué no estás aquí?

Sin entender su pregunta respondo.

- ¿Y por qué he de estar ahí?

- Está la prensa de medio mundo en el hospital.

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Al escucharla sonrío.

- Vamos a ver Gloria, ¿acaso crees que por ser periodista del corazón tengo poderes extrasensoriales para enterarme de todo lo que pasa?

- No.

- ¿Entonces?

Oigo jaleíto al otro lado del teléfono cuando mi amiga bajando la voz cuchichea.

- Pensé que tratándose de Manu sí te enterarías.

—¡¿Qué?!

Bueno… bueno… bueno. Siento que el corazón se me va a salir del pecho. Manu. Mi Manu en el hospital ¿qué le ha pasado?

A partir de ese instante ya no doy pie con bola y como puedo pregunto.

- Pero… ¿pero qué ha ocurrido?

Noto a Gloria con la respiración agitada y dice.

- Al parecer, estaba haciendo footing por su urbanización, cuando una mujer que iba en bicicleta al reconocerlo ha perdido el control de la bici y se ha estampado contra él.

Ay pobre… pobre…

- ¿Y qué le ha pasado? ¿Cómo está?

- Pues tiene un par de costillas fisuradas, seis puntos en la mano derecha y un feo golpe en la frente. La verdad es que el pobre está hecho un Cristo.

Ay… Ay… Ay… ¿Pero cómo le ha podido pasar eso y yo no enterarme?

Parada en medio de la calle estoy cuando reacciono y comienzo a caminar a toda prisa hacia mi casa. Tengo muy claro donde he de ir y antes de colgar a Gloria digo.

- Voy para allá.

- Llámame cuando llegues para colarte.

- Vale.

Como si tuviera alas en los pies, así voy de deprisa.

Angustiada llego a casa, dejo a Flash, cojo el bolso y cuando salgo de nuevo a la calle, paro un taxi. Llevo mucha… mucha prisa.

Veinte minutos después al llegar al hospital veo a mis compañeros. Aquello es un hervidero de cámaras de televisión, reporteros y fotógrafos. Todos quieren cubrir la noticia del accidente de la estrella del celuloide, por lo que llamo a Gloria.

- Ya estoy aquí.

Mi amiga me indica por donde entrar al hospital y una vez lo hago, la veo aparecer con una bata blanca y dice.

- Póntela.

—¡¿Qué?!

—Póntela. Con ella pasarás desapercibida.

Sin dudarlo, me la pongo y leo en la pechera, Doctora Galindo.

Sin saber quién es esa doctora, me la pongo y mientras caminamos por el hospital pregunto.

- ¿Quién es la Doctora Galindo?

Gloria sonríe. Yo también y suelta.

- Una encantadora doctora de Trauma que murió el año pasado.

¡Ay que me da!

¿Llevo la bata de una mujer muerta?

Mirando estoy a Gloria con ganas de matarla por profanar así la memoria de aquella mujer cuando oigo la voz de Manu que, protestando, dice a unos doctores.

- No voy a quedarme aquí a pasar la noche. Estoy bien.

- Señor Beltrán —oigo que insiste uno de los doctores—. Sabemos que está bien, pero todos nos quedaríamos más tranquilos si esta noche se queda aquí.

- Manu, como tu representante creo que…

- Concha ¡he dicho que no!

No lo veo. Desde mi posición no lo veo, pero por su tono de voz tiene pinta de estar muy cabreado, cuando una voz resurge de entre todas y dice

- Manolito ¡se acabó!

Ostras… Esa voz es de la madre de Manu.

- Mamá por favor. No empieces tú también ahora.

- Manolito. ¡No me irrites! Soy tu madre y te ordeno que te quedes aquí.

Me entra la risa. No lo puedo remediar. Sagrarito, la madre de Manu, es tremenda. Aún recuerdo cuando lo castigaba sin salir y el pobre nos miraba desde la ventana de su casa con gesto compungido.

Los médicos se mueven, todos discuten con Manu y yo salgo con Gloria de la habitación. No sé qué hago allí cuando de pronto, doctores, madre y representante salen y Gloria mirándome dice.

- Tienes cinco minutos.

Asiento y con mi bata de doctora entro en la habitación. Manu ni me mira. Veo que teclea algo en su teléfono y cuando me pongo a su lado en la cama preguntó.

- ¿Cómo estás?

Rápidamente levanta el rostro. Ay pobre… qué golpazo tiene en la frente y antes de que yo pueda decir algo más cuchichea.

- ¿Ahora vas de doctora? Lo tuyo por cubrir una noticia no tiene límites.

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Sonrío. Su cara de sorpresa es total y mirándolo apunto.

- Manolito ¡no me irrites!

Ahora sonríe él. Sin duda el enfado entre ambos se ha esfumado y sin tocarlo insisto.

- ¿Cómo estás?

El pobre suspira y encogiéndose de hombros responde.

- Dolorido.

Asiento. Lo creo. Como decía Gloria está hecho un Cristo.

Sin hablar nos miramos. No sé qué decir. Solo quiero que esté bien cuando dice.

- Pero si me besas aquí —afirma señalándose los labios—. Creo que gran parte del dolor se irá.

Sin poder contenerme sonrío. Menudo tunante que está hecho Manolito y sin dudarlo doy un paso el frente y acercándome más a la cama, lo beso. Poso mis labios sobre los suyos y lo beso con cuidado, con mimo, con dulzura y cuando nuestro beso se acaba murmura con voz ronca poniéndome todo el vello de punta.

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- Doctora, su medicina es la única que necesito para estar bien.

¡Me lo como!

¡Me lo como a besos!

Riéndonos estamos por ello cuando oigo a Gloria gritar.

- ¡Usted no puede estar aquí!

Instantes después escuchamos el sonido repetitivo del motor de una cámara de fotos y sin volverme para mirar, oigo a Manu que protesta.

- ¡Echen a ese maldito fotógrafo de aquí!

Enfermeras, celadores y doctores se movilizan mientras yo me quedo petrificada y Manu que no me ha soltado las manos dice.

- Vete. Te llamaré.

Tras un último y rápido beso esta vez iniciado por Manu, Gloria me hace una seña y aprovechando el momento de confusión total nos escabullimos sin ser vistas, mientras soy consciente de que algún compañero ha sacado unas fotos y no sé si se me reconocerá.

…Continuará

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