Megan Maxwell y el capítulo 20 de su relato erótico para Woman's Day

Raquel no lleva muy bien la ausencia de Manu, y más cuando sabe que estará rodeado de mujeres impresionantes, aunque ella no quiera reconocerlo.

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(Resumen del capítulo anterior: tras estar a punto de ser descubiertos, Manu y Raquel terminan en casa de ella dándose un apasionado baño. Sin embargo, la caliente situación se enfría gélidamente cuando Manu le dice a Raquel que tiene que irse unos días a Estados Unidos).

Me acabo de levantar y mi humor no es el mejor de mundo.

Manu se fue hace quince días a California y no ha regresado todavía.

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Tras saludar a Flash, me preparo un café, me lo tomo y después saco a mi perro a la calle a dar su paseíto mañanero.

Todavía recuerdo que Manu dijo que tardaría en regresar cuatro días y aunque me ha llamado por teléfono un par de veces para decirme que las cosas se han enredado en su trabajo, hay algo en mí que desconfía y me siento fatal. En especial porque he visto unas fotos de él en una cena con Lorena Belmonte, una guapa actriz mexicana, con la que siempre se le ha relacionado, y por lo que vi, no parecían pasarlo mal.

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¡Ay Dios… Ay Dios… que yo no quiero ser celosa!

No suelo ser posesiva. Nunca me ha gustado serlo, pero esas malditas fotos algo desenfocadas en las que parece que se besan me sacan de mis casillas.

Una vez regreso a casa con Flash, cuando me dispongo a marcharme a trabajar el móvil me suena. El número es desconocido y cuando lo cojo oigo que dicen.

- Hola preciosa.

Madre… madre… madre ¡Es Manu!

Como si la tontería tomara mi cuerpo, me quedo parada en medio del salón y respondo un escueto ¡Hola!

- ¿Qué te ocurre?

- Nada.

¡Mentira! ¡Mentira y gorda!

Me ocurre de todo y cuando lo escucho reír con ganas de estrangularlo, gruño.

- No sé que te parece tan gracioso.

Siento que su risa se acaba.

- Vamos Raquel ¿qué te ocurre?

¿Se lo digo o no se lo digo?

No… no se lo digo, pero mi boca que parece tener vida propia suelta.

- ¿Qué tal la cenita de hace cuatro noches?

Bueno… bueno… ¡qué bocaza tengo! Y como ya no puedo parar, insisto.

- ¿Lo pasaste bien con Lorena Belmonte?

Le oigo sonreír ¡me cago en él! Y más cuando responde como si nada.

- Lorena y yo somos amigos. No veas fantasmas donde no los hay. Ni creas todo lo que tus compañeros de la prensa inventan.

¿Fantasmas? ¿Ahora se llaman fantasmas?

- ¡¿Inventan?!

- Sí. Inventan.

Uf… Uf… ¡Me cago en San Pito Pato!

No dudo que otros compañeros inventen de vez en cuando alguna cosilla, pero la foto es un documento gráfico, no una mentira y sin ganas de discutir digo.

- Tengo prisa ¿qué quieres?

Un incómodo silencio se ocasiona entre los dos hasta que él responde.

- ¿Cómo que qué quiero?

Lo oigo resoplar. Sé que no le gusta lo que escucha y no me extraña, porque no me gusta ni a mí. Nuestra conversación, parece un diálogo de besugos e intentando finalizarla insisto.

- Tengo prisa Manu.

- Acabo de llegar a Madrid.

Eso me da un subidón. ¡Ya está en Madrid! Pero sin querer dejar que ese subidón me alegre el momento pregunto.

- ¡¿Y?!

Manu resopla e insisto con toda mi mala baba.

- ¿Pretendes que pierda el culo para verte? O quizá ¿qué tire fuegos artificiales?

- Raquel…

Uy…Uy… ese Raquel qué mal ha sonado y cuando voy a colgar dice.

- Puedo ir esta noche a tu casa.

- ¡No!

Joder… joder… ¡Pero si me muero por verlo!

Y consciente de que estoy haciendo aquello que siempre he odiado, insisto.

- No vengas a mi casa, seguro que ya tienes gente en la tuya esperándote. Además, esta tarde noche tengo un evento al que asistir y no sé cuándo terminaré. Déjalo. Ya nos veremos.

El silencio toma de nuevo el teléfono hasta que Manu finalmente dice.

- De acuerdo. Llámame.

Dicho esto el teléfono se queda mudo ¿me ha colgado?

Joder… joder… lo que me entra por el cuerpo.

No solo tarda once días más en regresar de lo que en un principio me dijo, si no que encima el muy chuleras, se toma la libertad de colgarme y decirme ¡llámame!. Lo va a llamar su madre.

El mosqueo que arrastro todo el día es monumental. Todo me molesta y estoy que no me aguanto ni yo.

Por la tarde-noche asisto al evento en el que tengo que cubrir la noticia de que unos famosetes patrocinando la 'Dieta del kiwi' ¡hasta el kiwi termino!

Y cuando he cumplido mis expectativas y he entrevistado a todos los que me había propuesto, paso por el Burguer, me compro una hamburguesa con patatas fritas y regreso a casa dispuesta a cenar y a meterme en la cama, pero al abrirse la puerta del ascensor, me quedo sin palabras al ver a Manu apoyado en mi puerta.

Durante unos segundos nos miramos.

¡Ay… Ay lo que me entra por el cuerpo!

Manu sonríe. No pierde su sonrisa, mientras que yo quiero ir de tía dura, pero ahora que lo tengo frente a mí ¡no puedorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!

Extiende su mano hacia mí a la espera que yo le entregue la mía, pero no lo hago y murmura.

- Te he echado de menos... ricura.

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¡Ay que me ha dicho ricura! ¡Ay que el corazón comienza a irme a mil!

Sin moverme porque si lo hago es para tirarme en sus brazos, se acerca a mí y agachándose para estar a mi altura insiste.

- Vale… creeré haberte oído decir que me has echado de menos tú también y que deseas besarme.

No lo digo ¡me niego! Pero entre tú y yo ¡es lo que pienso!

De pronto siento como sus manos rodean mi cintura para acercarme a él. Agarro con fuerza la bolsa donde llevo mi hamburguesa con patatas.

Me dejo hacer sin apartar mis ojos de él y cuando siento sus labios delicadamente sobre los míos y su aroma me inunda por completo, no puedo más y abriendo mi boca permito que me bese y disfruto de aquel beso tan deseado, anhelado y necesitado.

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¡Ay Dios… qué facilona soy con él!

No sé cuánto dura el mágico momento, solo sé que ha conseguido lo que ha venido a buscar y enfadándome conmigo por ser tan idiota, le doy un empujón y separándolo de mi siseo.

- Dijiste cuatro días y han sido quince y por si fuera poco, vi unas fotos tuyas con la Belmonte en la que os besabais.

Joder… joder… ¿pero qué estoy haciendo? ¿Qué hago echándole cosas en cara?

Manu resopla, se acerca de nuevo y con una media sonrisa que me toca… uf ¡lo que me toca! Pregunta un escueto.

- ¿Celosa?

Bueno… bueno… esto sí que no.

Bromitas y cachondeitos los justos, y sin pensar en mi acción, le estampo la bolsa de hamburguesa en la cara y cuando me mira con gesto desconcertado, y una patata frita en la oreja porque la bolsa se ha roto, siseo abriendo la puerta de mi casa.

- ¡Vete al cuerno imbécil!

Sin más entro en mi casa y cierto la puerta.

La bolsa de la hamburguesa se termina de abrir y esta cae al suelo y agachándome la recojo a toda prisa. Hasta el hambre se me ha quitado. Pero cuando me levanto del suelo, me encuentro con la mirada acusatoria de Flash y de pronto soy consciente de como me he comportado y murmuro.

- Joder…

Sin dudarlo abro la puerta pero Manu ya no está allí. Se ha ido. Y mirando a Flash que ya se está zampando unas patatas fritsa que encuentra en el suelo del descansillo murmuro.

- Ahora sí que la he liado.

…Continuará

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