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Aquellas cajas cambiaron por completo la vida de Dory. Los documentos que encontró en su interior le descubrieron que su familia era de origen judío y que hasta 36 de sus allegados habían muerto en campos de exterminio. Sus padres, refugiados en Barcelona huyendo del nazismo, jamás le dijeron nada, atenazados por el miedo, pero guardaron celosamente aquellos documentos que los iban acompañando en cada cambio de casa sin que ella supiera nada. Cuando los encontró, Dory reconstruyó la historia familiar y la convirtió en un libro, 'Las siete cajas' (editoriales Circe, en castellano, y Àngle, en catalán). Incluso ha conseguido reunir a muchos de sus primos que viven alrededor del mundo y de los que ni siguiera sabía de su existencia.

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Puedo verte sentada sola frente a aquellas cajas. 

Fue un gran choque emocional ver todos aquellos documentos de una época y una familia que yo no conocía. Los miraba y volvía a cerrar las cajas porque el impacto era demasiado fuerte. 

¿Cuál fue el primer documento que leíste al abrir la primera caja?

El telegrama original que llegó a casa anunciando la muerte de mi tía Dorl el 9 de septiembre de 1940. Imagínatelo. Además, yo me llamo igual que ella. Mi propio nombre estaba allí escrito. La aviación de Mussolini había bombardeado Tel Aviv y murió allí. Empecé a investigar del todo en 2006, cuando me jubilé. Antes había trabajado llevando la dirección técnica de un laboratorio farmacéutico, y después en la empresa de mi padre cuando falleció. Empecé a investigar, fui a la universidad para comprender mejor aquel periodo histórico y mis hijos me regalaron un curso de narrativa en el Ateneu Barcelonès para poder escribirlo.

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Me resulta difícil comprender por qué tus padres lo silenciaron toda la vida.

A mí no me extraña. Franco fue un aliado de los nazis. Recuerda que perseguían lo que llamaban 'conspiración judeomasónica'. Ellos vivieron la persecución de la familia y el miedo quedó instaurado en sus cuerpos. 

En los primeros años del franquismo se comprende, pero ¿con la democracia?

¿Te olvidas de que en este país en 1981 todavía se intentó un golpe de estado? Y en la posguerra ni te cuento, con miembros de la Gestapo actuando libremente en Barcelona. A mi padre llegaron a llamarlo dos veces para que se presentara en la embajada alemana. Con la ayuda de la policía española, mucha gente acabó deportada a Alemania. ¿Quieres que te diga una cosa?

Adelante.

A veces yo misma siento miedo. He tenido la sensación de estar perseguida, sin saber por qué. Tras la lectura de los documentos, he llegado a creer que el miedo es genético. Cuando murió mi padre, mi madre entró en una profunda depresión. Tuvo varios infartos cerebrales. Ya no hablaba castellano, solo alemán. De vez en cuando gritaba: "¡Que viene la Gestapo!". Y eso que murió en 2002. Yo me quedaba helada ante aquellos gritos que no comprendía. Y aún hay gente que niega el holocausto. No tienen ningún tipo de moral.

¿Tus padres se convirtieron al catolicismo?

No tuvieron más remedio. Por suerte el sacerdote era una buena persona, que lo sabía todo, y aceptó ayudarlos. Los bautizó y casó el mismo día. Y como él debió de haber unos cuantos. Tengo una lista de la archidiócesis de Barcelona que asegura que entre 1942 y 1945 se convirtieron unas trescientas personas del judaísmo al catolicismo.

¿A ti en qué fe te educaron?

Íbamos a misa por la situación, pero mi padre siempre decía: "Si cumples los mandamientos de la ley de Dios, da igual la religión que tengas. Lo importante es que seas una buena persona". Yo pienso igual que él.

¿Qué historia te impactó más?

La de mis abuelos maternos. En casa nunca se hablaba de ellos. Yo conocí a mi abuela a través de sus cartas. Era dulce y muy preocupada de sus hijos. Mi padre las guardó y van desde el momento en que los deportaron a un campo de refugiados en Francia, hasta la última, cuando los trasladan a Auschwitz y en la que informaban de que estaban en las listas de deportación y se despedían. Mi padre guardaba también la copia de la carta con su respuesta. La familia de mi madre prácticamente desapareció en los campos nazis.

¿Por qué vinieron tus padres a Barcelona?

A mi padre lo envió mi abuelo junto a mi tía Dorl en 1929 por seguridad, al ver los cambios en Alemania. Mi abuelo tenía una empresa de porcelana y juguetes con varias fábricas, una en Barcelona, con 300 trabajadores. La fábrica todavía existe y puede leerse el nombre, Lehman. Aprovechó la circunstancia y envió a su hijo a dirigir la fábrica. En setiembre de 1935, Hitler proclamó una ley que decía que ningún judío podía ser ciudadano del Reich. Le despojaron de todos sus bienes. 

¿Y en el caso de tu madre?

Fue ella la que tomó la decisión de venir para estudiar español. En Friburgo se había quedado sin trabajo por ser judía. A su hermano lo enviaron a EE.UU. con un tío, porque tenía once años. Mi tío Julius después participó en el desembarco de Normandía y obtuvo una medalla al mérito militar. Mis padres se conocieron y enamoraron aquí en junio de 1934. Se vieron a salvo en aquella España republicana.

A tu abuelo paterno sí lo llegaste a conocer.

Con todos sus bienes incautados, pudo huir de Alemania de milagro. Pidió un visado para vivir en Barcelona con mis padres, pero Franco se lo denegó y, finalmente, acabó en Cuba. Él había sido cónsul de Cuba, pero los nazis le habían obligado también a dimitir. Así que mis abuelos acabaron en La Habana. Mi abuela, al saber que sus siete hermanas habían muerto en un campo de concentración, tuvo un infarto y murió. Finalmente mi abuelo vivió con nosotros y murió en 1954. Era mi ídolo.

Tu periplo por el mundo localizando a tus primos es impresionante.

Primero elaboré un árbol genealógico a partir de los documentos. Luego empecé a investigar a ver si existía familia en algún lugar. A los primeros que encontré fue a los de Israel. Después a los de Buenos Aires: tenía un apellido que buscar y en el listín telefónico solo había seis. Acerté en la segunda llamada. Son hijos de las hermanas de mi abuela paterna. Ellos sí conocían el origen familiar, pero desconocían el drama final.

Debió de ser muy emotivo.

Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. La tercera etapa fue Praga. Sabía que Hans, primo hermano de mi padre, había sobrevivido a tres campos de exterminio. Sabía que había tenido mellizos. Los encontré hace dos años. En Praga nos reunimos este año por primera vez primos que vivimos en seis países. La emoción fue enorme. Algunos, como los de Londres, no sabían ni una parte de la historia. Nosotros teníamos el contacto de su padre y cuando murió, hace poco, vieron nuestras cartas. Su historia es tristísima.

¿Más todavía?

Lo deportaron de Chequia cuando tenía doce años porque sus padres y abuelos habían muerto en Auschwitz. Lo acogió una familia, pero después pasó por tres orfanatos. Creció solo. Luego se casó y cuando su hijo cumplió doce años se trastornó completamente al recordar lo que le había pasado, y huyó de casa. Pasó por varios países y al final lo encontraron. Murió en agosto.

Después de todo, ¿te sientes judía o católica?

El papa Francisco dice que detrás de cada católico hay un judío. En realidad, me siento agnóstica, y, como decía mi padre, solo quiero ser una buena persona.

Una historia escondida dentro de siete cajas

El libro de Dory Sontheimer descubre abundante documentación familiar y una historia escalofriante. 

Sus padres escondieron por miedo los horrores que habían vivido. Ella ahora los cuenta porque cree que para vencer el temor, lo mejor es hacer prevalecer la verdad. 

Y para que la historia no se vuelva a repetir nunca.

1. Llegada del pader de Dory y su hermana a El Prat.

2. Dory y su madre con su abuelo en Berna en 1952

3. Los padres de Dory, Konrad y rosi, en el pueblo de Maz en 1929. Posteriormente se añadiría la palabra judío. 

5. Encuentro de Dory con su familia de Montreal en 2014.

Vía: http://www.ar-revista.com