"Jamás soñé que pudiera llegar a ser feliz después de que mi novio me vendiese como esclava sexual"

Atrás han quedado los días de angustia para dar paso a la esperanza. Rachel lidera ahora un proyecto de ley que proteja los niños víctimas del tráfico sexual.

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Éste es el caso de Rachel, que siendo una adolescente sufrió la traumática experiencia del tráfico sexual. Pese a la delicada situación que vivió, pasó de la indignación, la rabia y el desengaño a luchar para que situaciones así no volvieran a repetirse. Es más, lidera un proyecto de ley en Estados Unidos para proteger a estas víctimas. Te contamos su historia.

"Durante mi infancia, fui una niña aventurera a la que le
encantaba divertirse. Iba bien en el colegio, formaba parte de los equipos de
atletismo, baloncesto y natación y era bastante popular. Pero después de
mudarme desde Iowa hasta Georgia a los 17 años, me sentí sola por primera vez
en mi vida. No conocía a nadie en la escuela, así que recurrí a internet para
encontrar a gente con la que hablar.

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No recuerdo en qué red social estaba cuando conocí al chico con
el que empecé a salir. Al principio no era nada serio; intimamos gracias a que a los dos nos gustaba el hip-hop y Jay-Z. Era muy fácil hablar con él, me entendía y me
escuchaba como nadie. No me importó que él  tuviera treintaytantos, porque me hacía
sentir especial y muy a gusto, me sentía muy bien.

Así que, después de hablar por internet durante varios meses,
me preguntó si quería que nos conociéramos cara a cara por primera vez y
fuéramos hasta South Beach, Florida, durante el fin de semana del Día de los
Caídos en Estados Unidos. ¡Estaba muy emocionada! Me dijo que él lo pagaría todo sin problema,
así que planeamos que él me recogiera en casa a las tres de la mañana, mientras
mi madre estaba durmiendo.

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"¿Qué tal?" fueron sus primeras palabras. Él parecía tranquilo,
así que me sentí relajada. Abrió el maletero para meter mi bolsa y yo me metí
en el coche. "¿Estás lista para ir a South Beach?". A lo que yo le contesté
"¡Claro!". Estaba decidida a llegar allí, nunca había estado pero sí que lo
había visto por la tele y había escuchado a mucha gente hablar de ese lugar.
Además, no había pagado nada, así que ¿había una manera mejor de disfrutar de
South Beach? Recogimos a un chico y a otra chica en la estación de Greyhound
antes de salir de la ciudad. Me dormí la mayor parte del trayecto.

Hubo un momento en el que me desperté y escuché a mi "novio" y a
la chica que recogimos susurrando en los asientos delanteros. Cuando ella se
dio cuenta de que estaba despierta, se giró y me estuvo contando lo divertido
que era South Beach, que conocía a un montón de gente allí y que iban a
menudo. Pero me dio muy mala espina. Fue en ese momento cuando me di cuenta de
que viajaba a otro estado con un montón de gente desconocida y que podría no
volver a casa.

Hasta que no llegué a Florida, no llamé a mi madre y le dije
que había ido a Miami con unos amigos. "¿Estás en Florida?" me preguntó. "¿Cómo
has llegado hasta allí?". No se lo podía creer, pero no parecía enfadada porque
le dije que estaba con amigos.

Al llegar al hotel, mi novio me dejó con esa
chica en el asiento delantero, que resultó ser su su ex-novia. Me preguntó si quería salir
y dar un paseo porque ese fin de semana de fiesta se vivía mejor de noche y accedí.

Como era menor de edad, no podía entrar en ninguna discoteca
o fiesta. En su lugar, paseamos por las calles con más ambiente. Ella ligaba con muchos chicos y
guardaba sus números de teléfono. Yo no decía nada, era muy raro. Solo estaba
quieta a su lado. Cuando le pregunté qué estaba haciendo, no me contestó.

Un chico me dijo que tenía los ojos bonitos, y ella me animó a
coquetear con él. La miré en plan "¿Pero de qué me hablas?". ¡Sabía
perfectamente que tenía novio! Así que, se hizo cargo de toda la conversación,
le pidió su móvil, y le dijo que yo le llamaría más tarde, para saber qué
estaba haciendo. Pero no iba a hacer eso de ninguna de las maneras.

En aquel momento​ no me di cuenta​, pero era el comienzo de su trampa para convertirme en una prostituta​.

En aquel momento no me di cuenta, pero era el comienzo de su trampa para convertirme en una prostituta. Había conseguido que la siguiese toda la noche, recogiendo números de teléfono para ella y poniéndolos en mi móvil. Cada vez que le preguntaba cuándo íbamos a regresar al hotel, ella me tranquilizaba como si todo fuera normal y corriente. Pero a mí no me parecía nada normal aquello.

Entonces empezó a llamar a los chicos a los que había pedido el teléfono
y me llevó a otro hotel, diciéndome que la siguiera y no dijera nada. Cuando
llegué a la habitación, había cuatro chicos allí. No me gustó nada lo que
estaba pasando. Intenté marcharme, pero ella me dijo "Solo vamos a pasar un
rato con ellos, NO me dejes aquí sola". Era tremendamente agresiva, su mirada
era amenazante, como diciendo: "Será mejor que no hagas nada ni digas nada a
menos que yo te lo diga".

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No dejaba de pensar que nadie sabía dónde me encontraba y que
me podía pasar cualquier cosa. Y me pasó. Empezó a mandarme hacer cosas
de índole sexual con aquellos chicos que nadie debería hacer jamás. Después recogió el
dinero que le dieron y dijo que podíamos irnos.

Cuando nos fuimos de ese hotel yo estaba completamente bloqueada. Ella caminó
hasta otro hotel para "hacer más dinero", y yo estaba desesperada por encontrar
a mi novio para que me pudiera ayudar. No sabía dónde estaba nuestro hotel,
pero de alguna manera conseguí volver. Cuando llegué, allí estaba mi novio y
solo lloré, estaba muy asustada por si se enfadaba conmigo o no me creía. Al
final le conté que su exnovia me había obligado a practicar sexo con otros
hombres en un hotel. "¡Tengo miedo y quiero volver a casa!", le dije. Me abrazó
y no se lo podía creer. Me dijo que ella estaba loca, solo quería dinero y un
poco desquiciada porque tomaba pastillas.

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Pero cuando su ex llegó al hotel, salió al pasillo a hablar con ella, me dejó dentro y pude
escucharles hablar al otro lado de la puerta de la habitación sobre cómo
dividirse el dinero que había ganado a mi costa. "¿Dónde está todo el dinero?",
le preguntó él. "Sé que has conseguido más". La acusó de mentir sobre cuánto
dinero había ganado para que pudiera quedarse más para ella. Me puse a llorar
en la cama, mientras discutía, porque me di cuenta de que lo habían planeado
todo. Esto era de lo que debían estar hablando en el asiento delantero del
coche cuando desperté. Me sentí muy avergonzada.

Cuando regresó a la habitación, le rogué que me llevara a casa; solo quería sentirme
segura otra vez. Pero siguieron discutiendo sobre el dinero al día siguiente,
así que por culpa de su bronca con ella, terminó llevándome a mi casa en
Georgia, mientras que ella se quedó en Florida. Su fuerte discusión y
separación me salvó la vida, estoy segura de ello. Él me escribió varias veces
después de eso para salir, como si nada hubiera pasado. ¡No me lo podía creer!
Me sentí engañada y humillada. Nunca se lo conté a nadie. La relación con mi
madre no era lo suficientemente fuerte para que le contara lo ocurrido, así que
no tenía nadie con quien hablar.

Pero lógicamente no te puedes olvidar de algo así. Me dejó muy traumatizada
y no podía dormir de las vueltas que le daba. Empecé a ir mal en el colegio. Pero un día alguien
me habló de un programa educativo, Job Corps.

Cuando tenía 20 años, le conté por primera vez a una de las
consejeras de Job Corps sobre lo que me pasó en South Beach y ella me envió al
Circle of Friends Learning Resource Campus Collaborative, para que me ayudasen
a solucionar mi problema. Allí, tuve la oportunidad de acceder a terapia por
primera vez en mi vida.

Un día, el centro de consulta acogió a un grupo de discusión
sobre el coraje. La fundadora, Lisa Williams, nos habló de un chico que se puso
en contacto con ella después de sufrir abusos sexuales de parte de un
seminarista en el que confiaba. Me vi reflejada en esa historia, y unos días después, le
conté a Lisa lo que me había pasado en Florida. Nunca había confiado en otra
persona lo suficiente como para contarle toda la historia, y así fue como me
enteré de qué era el tráfico sexual y de que yo había sido una víctima  de él. Ella
respondió todas las preguntas que tenía sobre lo que me había pasado. Después
de tres años en secreto, finalmente supe cómo llamar a lo que me había pasado.

Aprendí que el tráfico sexual es cuando alguien te obliga a
realizar algún trabajo sexual para ganar dinero. Solíamos escuchar que eso pasa
al otro lado del mundo, pero también existe en Estados Unidos,
donde hay unos 3.598 casos denunciados al Centro de Ayuda Nacional para Tráfico
de Seres Humanos en 2014. Cualquier persona menor de 18 años que haya sido
obligada a intercambiar sexo por dinero ha sido víctima del tráfico sexual. También
supe que la mujer que me llevó al hotel con todos lo hombres era la subordinada del chico que pensé que era mi novio, es decir, que trabajaba para él, se ocupaba de entrenar a nuevas chicas y recogía el dinero.

Me había culpado a mí misma sobre lo que había pasado, por ir a
Florida, por no ser capaz de parar que me estuvieran vendiendo en las calles. Pero ese día, Williams me dijo que yo nunca había
dicho "Sí" a ser vendida.

La señora Williams también tiene un refugio para chicas menores
de 18 años que han sufrido el tráfico sexual, llamado Agua de vida para
chicas, donde me pusieron un consejero. A través de mi terapeuta y de toda la
comunidad de compañeros del programa de Agua de vida para chicas, aprendí a
verme bajo una nueva luz y desarrollar una nueva actitud: ahora le digo a la
gente que mi nombre no es Víctima. Tampoco es Superviviente. Mi nombre es
Rachel, y hoy estoy viva y agradecida de poder decir que he salido adelante.

Así que cuando Lisa Williams me dijo que el representante del
estado de Georgia, Andy Welch preguntaba si alguna de sus supervivientes quería
prestar su voz, su experiencia y su nombre a un proyecto de ley que estaba
escribiendo para ayudar a niños que han sido víctimas del tráfico sexual, sabía
que debía hacerlo. Tenía que dejar que todos supieran que lo que me había
pasado es un crimen y que nadie merece ser víctima de ello, y que haría lo que
fuera necesario para evitar que otras personas experimentaran ese tráfico
sexual.

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El representante Welch, la señora Williams y yo nos sentamos para
discutir en qué debería consistir el proyecto de ley y el proceso de
elaboración y aprobado. Ellos se aseguraron de que yo entendía qué significaba
realmente que compartiera mi historia con todo el país. Entonces, se pusieron a
trabajar con otros senadores y representantes estatales para crear el Proyecto
de ley para el Senado 8, que se convirtió en la Ley Rachel o Ley de protección,
y la Resolución del Senado 7.

La Ley Rachel asegura que las víctimas de tráfico y
explotación sexual infantil sean tratadas como víctimas y  que no sean culpadas por los crímenes que han cometido contra ellos. También trabaja un apoyo
económico muy necesitado para las víctimas y demanda que los traficantes sean
incluidos en el Registro de delincuentes sexuales y aumentan la edad máxima a
la que una víctima de tráfico sexual infantil puede tomar acciones legales
contra el responsable de 23 a 25 años. El Gobernador Nathan Deal firmó la ley
el 5 de mayo de 2015, después de que yo testificara ante el Senado. Es el primer
proyecto de ley de salvaguarda que tiene un nombre de un superviviente. Yo soy
esa superviviente.

Además de hablar en el Senado, he contado mi historia en el 14º Desayuno anual "Llamada a la acción" organizado en Atlanta, en el evento del
Día Nacional de la Concienciación sobre el Tráfico de Personas de 2014 de la
Universidad Spelman, en la 59º Comisión del estado de la mujer en Naciones
Unidas, en el evento anual de la Asociación de Jóvenes Mujeres Cristianas de
Atlanta, y en el aeropuerto Hartsfield de Atlanta en apoyo a la Libertad de
Expresión. Recibí el premio a la defensa Kathie McCullough de YouthSpark en
Mayo de 2015 y fui entrevistada en el reportaje especial de la CNN titulado
"Niños a la venta: la lucha para acabar con el tráfico de seres humanos" con
Jada Pinkett Smith como presentadora. Fue emitido el día de mi cumpleaños, el
21 de julio.

Comparto esta experiencia personal tan profunda para ayudar a
que otras personas no tengas que pasar por lo que yo. Sé de primera mano qué es
el trauma, el estigma y la humillación que vienen acompañadas con la violencia
sexual y el tráfico de personas. Fui localizada y engañada a través de las
redes sociales. ¡Solo tenía 17 años! Esto pasa cada día a gente de mi edad o
incluso más jóvenes. Quiero transmitirles esperanza. Rezo para que todos ellos
vean algo en mí que les inspire a no perder la esperanza en la vida y a
entender que la violencia sexual es un crimen que fue cometido contra ellos, y
para que no se victimicen a sí mismos.

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También quiero que la gente joven se aleje de estos depredadores.
Quiero que sepan que no deben dar sus direcciones o cualquier información
personal a un extraño que les haga sentirse incómodos, que no envíen fotos
desnudos, aunque sean a medias, de ellos mismos por las redes sociales y
que les pidan a sus padres o familiares que les ayuden a encontrar un experto de confianza, como un terapeuta o familiar, que esté dispuesto a
escucharle cuando lo necesiten, para que no terminen dependiendo de gente que
no conocen cuyos motivos pueden ser oscuros. Y lo más importante,
quiero que la gente que ha sufrido esto se quiera a sí mismo. El amor propio es
el mejor amor que hay, porque yo busqué la amistad y el amor en los peores
sitios.

Leía frases inspiracionales y libros que me inspirasen a mí
misma. Uno de mis favoritos es "Daring Greatly" de Brené Brown, quién escribió:
"Solo encajamos presentamos a nuestro verdadero e imperfecto yo ante el mundo,
nuestro sentido de pertenencia puede que nunca sea mayor que nuestro grado de
aceptación a nosotros mismos". Esta frase me ayudó a darme cuenta de que yo soy
quien yo digo y no cómo me presenta otra persona. Vivo en mi verdad cada día.

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Durante un tiempo inmediatamente después de cuando sufrí los
abusos, sentía que no encajaba en ningún lado ni con ninguna persona. Me sentía
perdida. Pero ahora me guío por el deseo de evitar que otra persona pase lo
mismo que yo. Eso, y la composición y producción de música, además del deseo de
convertirme en un piloto privado. Es mi sueño.

Sí, soy una superviviente del tráfico sexual, pero también soy
mucho más que eso: Soy Rachel".

¿Tienes una historia que quieras compartir? Cuéntanosla en contacto@womansdayspain.es y nosotros la publicaremos (incluso, si quieres mantener el anonimato).

De: GoodHousekeeping