"Las razones por las que elegí tener un parto natural"

Elisabeth Smalls explica por qué decidió que sus hijos nacieran de la forma más natural posible y pide que no se la juzgue por tomar el control total de sus partos. 

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Cuando le cuentas a la gente que estás pensando en no dar a luz en el hospital, siempre hay dos tipos de reacciones. La primera es que sonrían y te digan "¡wow, eso es increíble!". Pero esta reacción es la que casi nadie tiene. La segunda reacción, que es la de la mayoría, es que levanten las cejas extrañados, busquen en tu cara algún tipo de señal o síntoma de fanatismo o problema psicológico y terminen preguntando: "¿Pero por qué?"

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Cuando estaba embarazada de mi primera hija, llevé a cabo toda la
investigación típica de una madre primeriza y busqué cuidados médicos de
primera. Me sentía enorme y tenía nauseas, pero también estaba asombrada porque
mi cuerpo fuera capaz de hacer todo eso. Y cuando me di cuenta de ello, me
sentí poderosa. Se me ocurrió que el embarazo y el parto no eran un tema médico
que necesitasen tratamiento, era simplemente la vida, y por alguna clase de
milagro, mi cuerpo sabía cómo hacerlo.

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Así que busqué a una matrona especializada en partos en casa y centros especializados en este tipo de nacimientos.

En la sala de espera de las matronas había tres tipos de embarazadas. El primer grupo, como supondrás, eran las "Mamá Tierra", que quieren que todo el proceso del parto sea natural. El segundo grupo eran de algún culto religioso desconocido para mí, pero que identificaba fácilmente por sus vestidos largos hasta los pies hechos a mano. Y después, estaban las mujeres como yo: las madres alfa. Las mujeres embutidas en ropa premamá, pegadas a sus móviles, que no tenían ni idea de lo que estaban haciendo, pero que confiaban en que sabrían hacerlo todo saldría bien.

Según avanzaba mi embarazo, decidí que si estaba bien de salud, tenía un embarazo de bajo riesgo y quería un parto sin anestesia ni medicación, a lo mejor dar a luz en un hospital con todas las restricciones que ello conlleva, no era la mejor opción para mí. La idea de poder descansar y dormir en mi propia cama tras parir, me parecía muy atractiva.  Deseaba realmente controlar las visitas, la temperatura, la música, la luz, la comida, la bebida y poder moverme a mi aire por mi propia casa.

Mi marido y yo nos apuntamos a clases de preparación al parto en The Bradley Method, especializados en partos naturales en casa. Aunque este curso es largo (seis semanas de clases), me encantaba cómo incluyen en el proceso al padre. Muchos padres primerizos que conocemos ya habían reconocido sentirse inútiles durante el parto. Este sistema considera a los padres como "entrenadores" y les ayuda mucho a "preparar" a sus "atletas", una comparación que mi marido siguió perfectamente y que a mí me ayudó a sentirme muy apoyada por él.

Cuando me puse de parto, tengo que admitir que me di cuenta de que era un desafío mucho mayor al que esperaba. Además, el bebé venía dado la vuelta, lo que me provoca sentir muchísima ma´s presión. No podía haberlo soportado sin la ayuda de nuestra maravillosa doula, que me masajeó la espalda, no paró de animarme y de decirme que todo iba a salir bien y se tomó la libertad de asegurarse que mi marido comía y se hidrataba para que estuviera al 100% a mi lado durante la maratón de 37 horas que vivimos. 

Y lo estuvo. Él no se movió de mi lado en ningún momento y sentí que no podía estar más enamorada de él.  Cuando nuestra preciosa hija nación, con sus ojos bien abiertos, nuestra nueva y recién estrenada familia nos acurrucamos abrazados maravillados ante esta nueva vida. Esa noche pudimos dormir en nuestra cama. 

Aunque volvería a hacerlo igual mil veces más, no creo que sea la mejor forma de parir para todo el mundo. La correcta manera de dar a luz es aquella en la que la embarazada se sienta cómoda, segura y protegida.  Para algunas mujeres, esa seguridad se lo da un lugar en el que cuente con anestesia, enfermeras, ginecólogos pendientes de ell, mientras que para otras, esa sensación de seguridad y apoyo reside en confiar que lo puede hacer sola. 

Y algunas veces, no se puede elegir. He pasado cosas muy duras a lo largo de mi vida, y seguramente las vuelva a pasar, pero poder dar a luz a mi hija fuera del hospital tuvo mucho que ver con la suerte. Tuve dos embarazos de bajo riesgo, que no necesitaron la misma atención que otros. A algunas mujeres les duele mucho la regla y se medican o tienen problemas problemas digestivos o respiratorios y necesitan atención médica constante, pero la mayoría son mujeres sin problemas de salud. En el embarazo pasa lo mismo. Algunos embarazos no tienen por qué ser un problema médico, pero para otras mujeres sí. 

Para mí, el parto natural supuso una dosis extra de energía para seguir mis instintos como madre durante mis primeros momentos como tal. Y ese sentimiento se ha quedado conmigo a través de los grandes retos como madre y como persona.